jueves, 4 de febrero de 2016

"Mamá, aunque tenga pene ¿puedo ser una niña?"

«Mamá, ¿aunque tenga pene puedo ser una niña?». Abigail Labayen asegura que su hija, a quien bautizaron como Luken (Lucas en euskera), le soltó esa frase cuando sólo tenía tres años. «Desde siempre le había gustado socialmente lo que es femenino: los juguetes, los disfraces, los vestidos... Comenzó como un juego al que no pusimos objeción, pero con tres años empezó a usar el castellano en casa para poder llamarse en femenino, porque el vasco, que es lo que habla con nosotros, los adjetivos son neutros. Decía: 'Soy guapa, soy una niña...'».

Abigail Labayen, 33 años, y su marido, Agustín Arandia, 36 años, ambos ingenieros, padres de cuatro niños de entre siete y tres años, se pusieron entonces a buscar información sobre lo que le sucedía. Hablaron con asociación Chrysallis, que agrupa a familiares de menores transexuales, y con otros especialistas, de modo que cuando Lucía hizo la pregunta -«Amá, ¿aunque tenga pene puedo ser una niña?»- su madre tuvo claro qué responderle: «Le dije: 'Sí, puedes ser una niña, Lucía. Existen niñas con vulva y niñas con pene'. Y la cara de alegría que puso con sólo tres años... Son de esos detalles que te hacen saber que no nos estamos equivocando».

Porque los padres fueron más allá del reconocimiento a su hija que podía ser lo que quisiera y el 24 de septiembre pasado, cuando Lucía aún tenía cuatro años -cumplió cinco el 20 de diciembre-, solicitaron a un juzgado de Tolosa (Guipúzcoa) que le permitiera a la pequeña cambiar el nombre de Luken por el de Lucía en el Registro Civil y por tanto en toda su documentación.

Aunque el auto no ha trascendido hasta ahora, el juzgado de instrucción 3 de Tolosa resolvió sólo un mes después, el 28 de octubre, a favor de la petición apoyándose en los informes médicos y en los testimonios de sus profesores y hasta el de la alcaldesa de Asteasu, el pueblo de 1.500 habitantes donde viven. «Luken presenta un cuadro clínico de disforia de género, que implica en el menor la existencia de una identidad femenina que exterioriza, no sólo físicamente, si no en su comportamiento, a pesar de su corta edad, siendo tratado como mujer», dice el auto.

De este modo, Lucía se convertía en la persona transexual de menor edad que consigue el cambio de nombre en el Registro Civil en España. Al menos 30 menores lo habían logrado antes, pero ninguno tan joven como ella.

¿Tan claro tenían que Lucía era una niña?, ¿no han pedido el cambio demasiado pronto?, preguntamos a la madre. Hace un año hizo el tránsito social a niña en todos lados. El médico de familia comenzó a tratarla como niña y por su nombre. No teníamos intención de pedir la tramitación legal porque no veíamos necesidad. Pero sucedía, por ejemplo, que el pediatra la trataba en femenino pero ella veía las recetas con nombre de chico y eso le hacía mella, a ella y a sus hermanos mayores, que también sufrían. Se daban estas situaciones cotidianas que, aunque explicabas, causaban ansiedad a los niños. Y los amigos nos decían: 'Si vais en un avión, ¿qué pasa? Porque tiene nombre masculino pero su apariencia es de niña'».

La normalidad que refiere Abigail sobre cómo han encajado sus hijos -todos chicos- el cambio de género de la hermana es sorprendente: «De hecho, el nombre de Lucía lo escogieron entre los hermanos. Fue en las Navidades de 2014. Ella dijo: "Igual me tengo que cambiar el nombre". Y ellos le daban ideas hasta que el mayor dijo "Lucía", y a ella le encantó aunque nos hizo una petición: "Soy una niña con pene pero me sigo llamando Luken". Un mes después, estábamos viendo la película Frozen y dijo: 'Mamá, quiero que mañana llaméis a la escuela y digáis que me llamen Lucía. Ya estoy preparada para hacer frente a las burlas'. ¡Con cuatro años! Es que la escuchas hablar y te sorprende la madurez con la que expresa sus sentimientos».

Otra frase habitual que Lucía -para quien el asunto de su género quedó arreglado el día que le cambiaron el nombre en el perchero del colegio- repite a veces como un mantra es: «Amá, cuando nacisteis me mirasteis el pitilín y pensasteis que era un niño, pero ahora me miráis el corazón y sabéis que soy una niña».

Respecto al futuro de la pequeña, sobre si emprenderá el cambio físico y cuándo, Abigaíl dice: «Su padre y yo somos espectadores, lo que vamos a hacer es informarla y apoyarla». Por lo que sí van a luchar, aseguran, es por quitar la "M" de "masculino" que luce en su DNI junto al nombre de Lucía. Para el cambio de género en la documentación se requiere ser mayor de edad y al menos dos años de tratamiento hormonal o la operación de cambio de sexo.

Precisamente los principales partidos, salvo el PP, informa Elena Mengual, contemplan en sus programas electorales la reforma de la Ley 3/2007 para eliminar estos requisitos del diagnóstico de disforia de género y los dos años de tratamiento hormonal, además de ampliar los beneficiarios de la misma (por ejemplo, a los menores y a personas extranjeras en sus tarjetas de residencia), así como otras medidas.

«Si mi hija sigue con ese DNI y en estos años quiere participar en el equipo femenino de cualquier deporte, ¿podrá hacerlo? Porque su documentación dice que su género es masculino, y eso es muy duro», dice su madre.

Por Ana María Ortiz en El Mundo

miércoles, 3 de febrero de 2016

El ecumenismo (y el diálogo interreligioso) ¿En punto muerto?

En poco menos de un mes he tenido ocasión de asistir a dos acontecimientos de carácter interreligioso: el VI Parlamento Catalán de las Religiones 2015, celebrado en Gerona el 17 de octubre, que bajo los auspicios de AUDIR (Asociación UNESCO para el Diálogo Interreligioso), con sede en Barcelona, se ha venido celebrando desde el 2005 en varias ciudades de Cataluña y del País Valenciano, y, el 14 de noviembre, al Encuentro Interreligioso de Sabadell, mi ciudad, menos conocido, pero que este año ha llegado ya a su decimosexta edición anual, organizada desde sus inicios por el Grupo de Diálogo Interreligioso de Sabadell. Ha sido una satisfacción participar en ambos acontecimientos, tanto por lo que se suele aprender en ellos, como por la sensación de compartir aspiraciones de paz y de diálogo con personas pertenecientes a diferentes creencias religiosas y con las cuales existe, como denominador común, un profundo respeto por la diversidad.

Pero, durante los años que llevo dedicado a estos menesteres, he podido descubrir que, fuera de las élites especializadas, tanto el ecumenismo como el diálogo interreligioso tienen que vencer todavía el desconocimiento popular, cosa que, por otro lado, es normal en un país donde la población vuelve a estar angustiada por garantizarse muchas de las necesidades básicas y, por lo tanto, más prioritarias que lo que no dejan de ser, aparentemente, entretenimientos propios de clérigos.

En el caso del ecumenismo, una de las causas de dicho desconocimiento la encontramos, justamente, en la palabra “ecumenismo”, difícil de pronunciar y de entender. Pero es la palabra que en teología se usa para referirse de manera inequívoca a la corriente que lucha por el reencuentro y reunificación, mediante el diálogo y la comprensión, de las diferentes confesiones cristianas, que por razones históricas se han ido separando. Sin menoscabo, en mi opinión, de conservar la pluralidad actual de matices.

Para mi sorpresa, he encontrado personas -incluso en establecimientos eclesiásticos de uno y otro signo- que tienen dificultades para pronunciar la palabra “ecumenismo” y tienden a decir “economismo”, confundiendo “ecuménico” con “económico”. Así, pues, he acabado por asumir que lo que conviene más es trabajar en una tarea pedagógica constante para explicar a todo el mundo que “ecumenismo” viene de la palabra griega oikoumene, la cual expresa desde hace años el concepto de unidad consensuada, y tratar, hasta donde sea posible, de superar ese reto que el nombre plantea a la cosa.

En cuanto al diálogo interreligioso, que como su nombre indica es más bien un espacio que se abre a la comunicación entre varios sistemas religiosos y espirituales (budistas, cristianos, judíos, musulmanes, etc.) para conocer sus principios y enseñanzas, a menudo se presenta en forma encuentros y conferencias, pero, en cambio, hay muy pocos espacios específicamente diseñados para la plegaria interreligiosa, tema del cual convendrá hablar otro día.

Como observador del fenómeno, puedo decir que en nuestras ciudades hay comunidades religiosas que asisten a los diversos espacios de participación, y otros que hacen del aislamiento su forma de supervivencia. Permitidme una anécdota: conozco un cura que admite de buen grado el ecumenismo, pero en cambio se niega en redondo a asistir a encuentros interreligiosos… con “paganos”. Igual pasa con ciertos pastores evangélicos, que huyen nada más escuchar la palabra “ecumenismo” porque la identifican con la antigua aspiración católica-romana de reunir a todos los cristianos bajo la autoridad del papa. Así, el fundamentalismo es una mancha que salpica todas las religiones, y, por extensión, resulta un obstáculo para la convivencia social.

Afortunadamente, dentro del espacio geográfico que me es más cercano, la comarca barcelonesa del Vallès Occidental, con casi un millón de habitantes y con un porcentaje de población musulmana estimada en el 10 por ciento, singularmente en la ciudad Terrassa, la más poblada, ni rige una sola confesión, ni, de momento, hay guerra de religiones. Gracias en gran parte a la actuación de las administraciones públicas democráticas, y a la cordura de la misma población, se puede afirmar que disfrutamos de un equilibrio aceptable, sin episodios de violencia sectaria, a pesar de que dicho equilibrio es más bien pasivo: podríamos decir que se halla en punto muerto.

Hace falta, pues, continuar luchando – a pesar de los crueles atentados que están golpeando el corazón de Europa- para que del equilibrio pasivo demos un salto cualitativo hacia la auténtica convivencia activa, basada en la consideración y en el respecto al otro. Y este reto nos afecta a todos: ciudadanos, autoridades civiles, religiosas y militares, centros educativos, y, especialmente, a los medios digitales o tradicionales de comunicación, debido a que son agentes determinantes en el proceso de formación de la opinión pública.

Por Antoni Ibañez-Olivares en Lupa Protestante

lunes, 1 de febrero de 2016

Homosexualidad, Biblia y cultura

El libro sagrado
Partimos de la base de que la Biblia es un libro sagrado que no tiene la intención de dictar normas o leyes que anulen la libertad del individuo, sino orientarlo a la convivencia, a la paz, al amor, a la fraternidad, a la concordia…, a la vida, de forma especial para los más desfavorecidos.

Sacar un texto fuera de contexto y usarlo como arma arrojadiza para aquellos que no se ajustan a la norma establecida sería un atentado a la intención de Jesús de Nazaret, porque eso era precisamente lo que hacían los fariseos en su tiempo. Mantener una determinada posición o conclusión a partir de una serie de términos bíblicos confusos, sin atender al entorno sociocultural en el que se escribió un texto es más que peligroso.

El libro sagrado se escribió en un contexto determinado, con unos componentes culturales específicos y en una terminología que, a veces, es difícil de entender. Jesús era judío y vivió en una sociedad judía, en la que la Toráh influía sobremanera en la forma de entender la vida y la espiritualidad.

Así las cosas, si nuestra orientación es la letra de la ley, podremos encontrar sentencias muy graves hacia muchas prácticas cotidianas que para nosotros son normales. Por ejemplo, la Toráh explicita que si alguno tenía un hijo rebelde, su padre y su madre lo debían llevar a los ancianos de la ciudad y debía ser apedreado (Dt 21.18-21); lo importante era el orden establecido, la autoridad patriarcal… Era la ley. En nuestro contexto sociocultural esto es una aberración.

Sin embargo, si nuestra orientación no es la letra, sino es el espíritu de la ley, podemos intentar explicar textos como el que acabamos de citar para comprender la cultura de la época y el interés en preservar el orden establecido en una sociedad patriarcal, pero ajeno a nuestra cultura y, por lo tanto, no normativo; por ello, erigir prácticas religiosas y normas morales sin atender a estos elementos imprescindibles en la hermenéutica, empuja directamente hacia el fanatismo, el integrismo y fundamentalismo farisaico.

Según sea el concepto que tengamos del libro sagrado nuestra comprensión de la religiosidad y la espiritualidad estará condicionada. Letra o espíritu, esa es la cuestión.

Los textos bíblicos
Los textos más importantes en el Antiguo Testamento sobre la homosexualidad aparecen en la Toráh, más concretamente, en el código levítico orientado a la santidad. Lo importante era diferenciarse de los demás pueblos para dar a conocer al Dios de Israel, un Dios santo.

Levítico 18 comienza con una exhortación al pueblo de Dios para que no se comporte como los que vivían en Egipto, ni como los que habitaban en Canaán (v.3). Todo el capítulo 18 está orientado a las relaciones sexuales dentro de la familia patriarcal; es decir, la clave para interpretar este pasaje lleno de prohibiciones es el parentesco. Así, habla de relaciones sexuales con parienta próxima (v.6), padre o madre (v.7), la mujer del padre (v.8), la hermana (v.9), la nieta (v.10), la hermana del padre o de la madre (v.12-13), la tía (v.14), la nuera (v.15), la cuñada (v.16), la sobrina (v.17)… Además, en todas estas relaciones sexuales, aunque sean de parentesco, se daba una situación de dominancia del varón respecto a la mujer, tema no menor en la sociedad de la época.

En este contexto menciona las relaciones con varón como con mujer (v.22) y se concluye que es abominación. En el verso 24 se dice que ese tipo de prácticas correspondía a la corrupción de las naciones que el Señor iba a echar delante de ellos. Además, se advierte que cualquiera que hiciere esas cosas, era abominación y debería ser cortado del pueblo (v.29). Lo mismo tenemos en el capítulo 20, reiterando la prohibición de tener relaciones sexuales con parientes.

En este sentido, no podemos obviar el contexto de estas relaciones, ya que la prohibición se da en el seno de la familia patriarcal. Por ello, llama la atención que entre los 2 capítulos que hablan de las relaciones sexuales prohibidas en los grados de parentesco de la familia (Lev 18 y 20), el redactor intercala las leyes de la santidad y la justicia (capítulo 19) poniendo el énfasis en las normas que permitían la convivencia en el pueblo de Dios y, de forma expresa, la renuncia a la venganza, exhortando al amor al prójimo como a uno mismo (19.18). Por lo tanto, podemos deducir que las leyes de la santidad en lo que afectan a las relaciones dentro de la familia estaban para proteger de la violencia o venganza a los miembros de esa familia. En este sentido, las relaciones sexuales entre varones dentro de una familia estaban prohibidas de la misma manera que lo estaban otras relaciones de parentesco para evitar la venganza y favorecer la convivencia  en el pueblo de Dios.

El trasfondo histórico-religioso también arroja luz sobre la intencionalidad del redactor bíblico ya que en Canaán se practicaban orgías sexuales en honor a Baal. Por eso, los hebreos asociaban la homosexualidad a la idolatría; esto apoyaría el que en Levítico 18, después de hablar de las relaciones de parentesco prohibidas desde el punto de vista sexual, se mencione el ritual sacrificial de ofrecer al hijo por fuego a Moloc (v.21) y a continuación habla de las relaciones homosexuales. Seguramente, también Deuteronomio 23.17-18, donde se dice que “no haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel”, se esté refiriendo a personas dedicadas a la prostitución ritual en los templos paganos.

En resumen, cuando la Toráh habla de homosexualidad se prohíbe dentro de una misma familia, en situaciones de dominación, idolatría, violencia, prostitución, ritos paganos…

En el Nuevo Testamento llama la atención el hecho de que Jesús no habla de la homosexualidad. Esto solo es un argumento de silencio y, por lo tanto, poco concluyente; Jesús tampoco habla en contra de la esclavitud y, sin embargo, en las sociedades modernas en las que vivimos y en la cosmovisión religiosa actual, consideramos la esclavitud como una aberración superada en la Declaración Universal de los Derechos humanos en cuyo artículado expresa: “Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas” (art. 4).

Con el apóstol Pablo sí que se introducen textos que tratan de regular las relaciones interpersonales dentro del seno de la Comunidad y de forma expresa habla de relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Veamos algunos textos.

Rom 1.18,ss. En esta sección se habla de la rebeldía del ser humano y, de forma más concreta, los versos 26-27 hablan de las mujeres que dejaron “el uso natural por el que es contra naturaleza” y de los hombres que, “dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres”. La palabra lascivia (orexis) es un término genérico para hablar de todo tipo de deseos. Lo llamativo aquí es que la relación sexual de hombres con hombres es calificada de “hechos vergonzosos” (asjëmosúnë); este término significa “vergüenza, desnudez”, y está en correlación con los textos del Antiguo Testamento que insisten en no descubrir la desnudez de los parientes.

La expresión “contra naturaleza” aplicado a las mujeres en este texto de Romanos, también llama la atención. El texto griego usa“parà phúsin”, y esta misma expresión aparece en 11.24 donde se habla del olivo silvestre y el injerto que se describe como “contra naturaleza” (parà phúsin), misma expresión. El hecho de que la rama injertada no sea original no significa que no tenga vida, que no crezca, que no dé fruto o que sea mala en sí misma, todo lo contrario, es diferente. La preposición “pará” con acusativo significa “al lado de”, “junto a”; usamos la expresión “paranomal” para hablar de aquello que no se ajusta a ciertos patrones generales, como una experiencia que está al lado de otra, que se parece, pero es diferente… En este sentido, ¿qué es natural y antinatural?, ¿cómo determinamos eso? Por ejemplo, volar es “antinatural” para un ser humano, pero cogemos un avión, nos divertimos haciendo parapente, saltamos en paracaídas… También es antinatural cortarse el cabello, llevar gafas, construir carreteras, devolver bien por mal, llevar ropa… Que no sea “según la naturaleza” no significa que sea malo en sí mismo; sencillamente, es diferente. Por ejemplo, ir en bañador en una playa es normal, pero caminar así por la ciudad no lo es. Es el contexto en el que nos movemos lo que determina la “normalidad” de las cosas.

El texto de Romanos nos habla de un deseo que surge en la persona y que le lleva a una situación que socialmente es aceptada como diferente y/o vergonzosa. En este sentido, el entorno cultural es tremendamente importante. Por ejemplo, en la cultura con tradición musulmana, la mujer ha de ir cubierta íntegramente y, de forma especial, la cabeza; lo contrario representa una gran afrenta que avergüenza a su marido. Pero en las tradiciones occidentales, incluidas las religiosas, la mujer es igual al varón en capacidad, dignidad y derechos, no representando ninguna vergüenza ni afrenta el hecho de que vaya con la cabeza descubierta; ¿qué es natural que la mujer lleve un velo sobre su cabeza o que no lo lleve?; la cultura es lo que lo determina. Por ello, parece ser que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, en la cultura romana y judía representaban una “desviación”, siendo una práctica vergonzosa en ciertos contextos, según veremos más adelante.

1ª Cor 6.9: Habla de que los injustos no heredarán el reino de Dios y menciona expresamente a los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los afeminados y los que se echan con varones. Continúa la lista en el verso 10 con los ladrones, los avaros, los borrachos, los maldicientes y los estafadores. Aquí tenemos 2 términos que hemos de considerar: “afeminados” y “los que se echan con varones”. La palabra “afeminados” (malakós) solo aparece 3 veces en el NT (Mat 11.8; Luc 7.25; 1 Cor 6.9); los 2 primeros se refieren al tipo de vestido y nuestro texto de Corintios que traduce “afeminados” en la versión Reina y Valera 1960, pero puede tener otras connotaciones como persona libertina o inmoral. Ahora bien, ¿quién determina lo que es moralmente aceptable en una sociedad? Esto nos da pistas para pensar que hay conductas que están aceptadas o rechazadas en función de la cultura en la que se den.

La otra expresión a considerar, “los que se echan con varones”, traduce el griego arsenokoítës que se usa solamente aquí y en 1 Tim 1.10; este término se compone de 2 palabras griegas: koíte (cama) y ársen (varón) y es un tanto inseguro identificarlo con la homosexualidad ya que había otros términos griegos para ello y que no son usados aquí. Lo más probable es que se trate de aquellas personas que estaban dedicadas a la prostitución masculina sagrada en los cultos paganos de Corinto y podrían ser identificadas como “corruptoras de jóvenes”. Con esto concuerda el texto que estamos viendo (1 Cor 6.9) cuando comienza hablando de fornicación y, a continuación, habla de “idólatras”… Todas las conductas aquí descritas en este texto se practicaban en la prostitución pagana; de nuevo tenemos aquí un entorno cultural peculiar.

Por otro lado, hemos de recordar que la ciudad de Corinto fue destruida por los romanos en el año 146 a.C., y sus ciudadanos fueron ejecutados o vendidos como esclavos y se prohibió reconstruir la ciudad. Fue Julio César, un siglo más tarde, quien fundó la nueva ciudad, como una colonia romana y se convirtió a partir del año 26 a.C. en sede del procónsul y capital de la provincia senatorial de Acaya. Entre sus habitantes había soldados romanos retirados; según Estrabón, muchos eran libertos romanos (estaban un escalón por encima de los esclavos), también había judíos, algunos griegos, pero eran los romanos los que dominaban la ciudad con su cultura y leyes, por lo que se sostiene que Corinto era una ciudad más romana que griega.

En el mundo griego la relación sexual entre personas del mismo sexo no representaba una aberración; es más, se entendía como el amor ideal y “perfecto”. Entre los romanos, en los inicios de la república la homosexualidad estaba absolutamente prohibida y no fue hasta finales de la república y comienzos del Imperio que hubo un cambio, las costumbres griegas se fueron asimilando y las relaciones homosexuales se iban normalizando, aunque se mantenían ciertas diferencias respecto a los griegos. Entre los romanos la relación homosexual principal se daba entre un hombre adulto libre y un joven esclavo, lo que nos puede dar indicios para pensar en una relación de dominación entre ambos (amo/siervo).

Así las cosas, si el trasfondo de estos textos del Nuevo Testamento es la prostitución sagrada masculina en los templos paganos y las relaciones de dominación y abuso hacia los jóvenes varones esclavos se daba en un contexto más romano que griego, podría ser entendible la orientación paulina condenatoria sobre este tipo de práctica sexual, a partir de los componentes culturales.

1 Tim 1.10 nos habla de que la ley fue dada para los pecadores…, y dice expresamente que fue dada para los fornicarios (pórnois), para los sodomitas (arsenokoítais), para los secuestradores (andrapodistaïs)… Los 3 términos usados parecen formar una unidad en este texto. El término “sodomitas” está enmarcado entre “fornicarios” y “secuestradores” o más bien, tratantes o traficantes de esclavos; esto nos da a entender que estamos en el meollo del negocio de la prostitución tanto femenina como masculina. Ropero apunta:

Según los últimos estudios del término “cama-varón(es)” (arsenokoítai), parece indicar relaciones sexuales abusivas en el contexto de explotación y opresión, probablemente relacionadas con la compra/robo de muchachos para emplearlos en tales menesteres, tanto en medios profanos como sacros. Quizá se estaría aludiendo aquí a los sacerdotes de los templos donde se practicaba esta abominación, descalificados así como “proxenetas” (Alfonso Ropero, Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Clie, 2013, pág. 1201).

Con ello concuerda el final del verso 10: “cuanto se oponga a la sana doctrina”, en referencia a las prácticas degradantes que se hacían con el ser humano en la sociedad civil y religiosa pagana. El apóstol Pablo habla de una línea de conducta que se aleje de esas prácticas degradantes para caminar a la luz del evangelio de Cristo (sana doctrina), donde las relaciones interpersonales se dan desde el respeto al ser humano (independientemente de su orientación sexual), desde la igualdad, desde la fraternidad y el amor.

A modo de cierre…
Creo que es pertinente introducir aquí el concepto de pecado. Las prácticas citadas en muchos textos bíblicos se identifican cuando representa una maldad contra otro ser humano, pero aquello que no es una maldad contra otra persona no puede ser catalogado como pecado. El mal no está en la relación sexual entre 2 hombres (o mujeres) cuando ambos consienten, sino en el abuso, la obligación, la dominación, la violencia que uno puede ejercer sobre el otro, la prostitución, la promiscuidad, el parentesco, el tráfico con seres humanos… Sería conveniente y necesario contestar a la pregunta: ¿Qué maldad está cometiendo una pareja del mismo sexo que consciente y libremente ha tomado la decisión de desarrollar un proyecto común? Yo no soy homosexual, y mi respuesta a esta pregunta es que no está cometiendo ninguna maldad; eso me basta. Sin embargo, sí veo maldad en algunas relaciones heterosexuales, matrimonios consagrados en los que uno de los dos está subyugado, tiene miedo, padece violencia de género, está dominado por el dinero del otro…, y la parte débil ha de “aguantar” porque no ve una salida. La maldad no está en la relación sexual entre dos personas del mismo sexo, sino en la dominación y control que una persona ejerce sobre la otra.

Por otro lado, las sociedades modernas occidentales han aceptado y regulado las uniones entre individuos del mismo sexo, desde el respeto a la dignidad de la persona. ¿Por qué la iglesia, tantas veces a remolque de la sociedad, ha de poner cortapisas abanderando el literalismo bíblico y la intransigencia mal entendidos y peor gestionados? Ya es hora de que la iglesia levante la voz para protestar por el abuso de poder, por la estrechez de miras que impera en los gobernantes respecto a los que sufren y se dedique a proclamar el evangelio de buenas noticias de salvación para todo ser humano independientemente de su condición social, económica o sexual. El apóstol Pedro tuvo que aprender que Dios no hace acepción de personas, pero la iglesia señala con el dedo a los que no se ajustan al estándar de calidad típico del cristianismo tradicional, a los que son “contra natura” por el hecho de ser simplemente diferentes.

La iglesia ha de abrir sus puertas a todo ser humano de la misma forma que Jesús acogió en su Comunidad de seguidores a todo tipo de personas; uno de sus más íntimos, que luego le traicionaría, era ladrón, sustraía de la bolsa (Juan 12.6), pero Jesús en ningún momento le expulsó del grupo. Iglesias acogedoras, integradoras es lo que necesita nuestra sociedad y no inquisidores que busquen pecadores o culpables porque, sencillamente, todos lo somos.

Recordemos que no hace demasiado tiempo las mujeres (sí, nuevamente las mujeres) tenían prohibido hablar en las iglesias evangélicas, bajo pena de disciplina y excomunión y se fundamentaba en la claridad de los textos bíblicos que, ni estaban tan claros, ni se interpretaban correctamente; un poco antes ni siquiera podían votar en unas elecciones democráticas y no tenían derechos sobre los hijos… ¿No estaremos acaso, también en estos momentos, ante un fenómeno similar con el tema de la homosexualidad? Cada uno ha de responder a esta pregunta desde la honestidad y conciencia a la luz del evangelio de Jesús de Nazaret.

Por Pedro Álamo en Lupa Potestante

sábado, 23 de enero de 2016

Taller Breve: La Segunda Reforma española

No os perdáis el Taller de este sábado en Madrid. 
¡Os esperamos! 


lunes, 18 de enero de 2016

La Iglesia Evangélica de Renania (Alemania) aprueba el matrimonio igualitario

La Iglesia Evangélica de Renania, perteneciente a la Iglesia Evangelica Alemana, la cual gestiona 719 parroquias en el oeste de Alemania, declaró que comenzarán a casar parejas del mismo sexo desde este mes de enero.

La decisión fue tomada por votación, donde sólo 7 de 211 pastores votaron en contra de las uniones igualitarias.

Hasta ahora, las parejas homosexuales sólo podían recibir una bendición, sin validez sacramental, pero el nuevo cambio en la constitución de la iglesia suprime esta diferencia.

“Estoy muy contenta del fallo, es una devoción amorosa que todos los seres humanos pueden experimentar, sin importar su orientación sexual”, dijo la ministra de Renania del Norte-Westfalia, Barbara Steffens.

Durante el debate, los miembros de la iglesia dijeron que no existe razón legal o teológica para dar un trato diferente a las parejas heterosexuales de las homosexuales.

sábado, 16 de enero de 2016

Los Primados Anglicanos piden la imposición de sanciones temporales a la Iglesia Episcopal de EE.UU.

Una mayoría de los primados anglicanos pidió el 14 de enero que la Iglesia Episcopal, durante un período de tres años, “no nos represente en organismos ecuménicos e interreligiosos, ni debe ser nombrada o electa a un comité permanente interno y que, si bien participe en los organismos internos de la Comunión Anglicana, no tome parte en el proceso de la toma de decisiones sobre ningún asunto perteneciente a la doctrina o al sistema de gobierno”.

Al expresar su deseo unánime de trabajar juntos, los primados dijeron que su llamado se produce en respuesta a la decisión de la Convención General de la Iglesia Episcopal en junio pasado de cambiar el lenguaje canónico que define el matrimonio como [la relación contraída] entre un hombre y una mujer (Resolución A036) y autorizar dos nuevos ritos matrimoniales con un lenguaje que permite [indistintamente] ser usados por parejas del mismo sexo o de sexos opuestos (Resolución A054).

Un anuncio publicado en la página web de los Primados 2016 dice que “los Primados acordaron el modo en que andarían juntos en la gracia y el amor de Cristo”.

“Este acuerdo reconoce la significativa distancia que se mantiene, pero confirma su unánime compromiso de andar juntos”, dice el anuncio, que incluye el texto completo del llamado de los primados. El anuncio dice también que el acuerdo “demuestra el compromiso de todos los Primados de continuar la vida de la Comunión sin vencedores ni vencidos”.

Antes de la votación del 14 de enero, el obispo primado de la Iglesia Episcopal, Michael B. Curry dijo a los primados reunidos en Cantórbery, Inglaterra, del 11 al 15 de enero, que la declaración sería recibida con pesar por muchos en la Iglesia Episcopal.

“Muchos de nosotros nos hemos comprometido y nuestra Iglesia [se ha comprometido] a ser ‘una casa de oración para todo el pueblo’, como dice la Biblia, donde todos son realmente acogidos”, dijo Curry.

“Nuestro compromiso de ser una Iglesia inclusiva no se basa en una teoría social o en una capitulación ante las maneras de la cultura, sino en nuestra creencia de que los brazos extendidos de Jesús en la cruz son un signo del verdadero amor de Dios que nos alcanza a todos nosotros. Si bien entiendo que muchos discrepen con nosotros, nuestra decisión respecto al matrimonio se basa en la creencia de que las palabras del apóstol Pablo a los Gálatas son válidas para la Iglesia actual: ‘todos los que han sido bautizados en Cristo, están revestidos de Cristo. Ya no hay judío ni gentil, [no hay] esclavo ni libre, [no hay] varón ni mujer, porque todos somos uno en Cristo’”.

“Para muchos, pues, que están comprometidos a seguir a Jesús en el camino del amor y ser una Iglesia que vive ese amor, esta decisión les dará un auténtico pesar”, afirmó. “Para los hermanos discípulos de Jesús en nuestra Iglesia que son homosexuales, el pesar será mayor. Para muchos que se han sentido y que han sido rechazados por familias y comunidades, nuestra Iglesia abriéndose en amor fue un signo de esperanza. Y esto le añadirá pesar al pesar”.

Curry le dijo a los primados que él no estaba en modo alguno comparando su propio pesar al de ellos, pero “estoy aquí ante ustedes como vuestro hermano. Estoy ante ustedes como un descendiente de esclavos africanos, a quienes robaron de su tierra nativa, esclavizaron en amarga servidumbre y luego, incluso después de la emancipación, segregaron y excluyeron en la Iglesia y en la sociedad. Y esto hace evocar de nuevo ese sufrimiento, y produce pesar.

“El  dolor de muchos será real. Pero Dios es más grande que nada. Amo a Jesús y amo a la Iglesia. Soy un cristiano en la vía anglicana. Y al igual que ustedes, como hemos dicho en esta reunión, estoy comprometido a ‘andar juntos’ con ustedes como hermanos primados de la familia anglicana”.
La declaración de los primados también le pide al arzobispo de Cantórbery Justin Welby que nombre un equipo de trabajo “para mantener conversaciones entre nosotros con la intención de restaurar la relación, de rehacer la confianza mutua, de sanar el legado del dolor, reconociendo el alcance de lo que tenemos en común, y explorando nuestras profundas diferencias, garantizando que las mismas se mantengan  entre nosotros en el amor y la gracia de Cristo”.

El anuncio respecto a las sanciones decía que se harían ulteriores comentarios y se responderían a preguntas en una conferencia de prensa que tendría lugar a las 3:00 PM, hora local, del 15 de enero.
Los primeros dos días de la reunión se dedicaron solamente a establecer la agenda de la semana y la discusión se centró en si los primados debían llegar a un acuerdo sobre cómo seguir adelante a pesar de las diferencias de opinión respecto a problemas de interpretación teológica y a la sexualidad humana.

El éxodo bastante esperado de algunos arzobispos africanos conservadores no se llegó a producir y todos los primados se mantuvieron en la mesa durante la reunión del 11 al 15, comprometidos a proseguir el diálogo y a discernir sobre varias opciones hacia la reconciliación. El arzobispo Stanley Ntagali, de la Iglesia Anglicana de Uganda, abandonó discretamente la reunión el 12 de enero. Él había dicho en una declaración previa a la reunión que él se retiraría a menos que “la disciplina y el orden devoto” se restauraran en la Comunión Anglicana. En una carta dirigida a su Iglesia el 13 de enero, Ntagali dijo que él se había retirado porque la asamblea provincial ugandesa había resuelto no participar en ninguna reunión oficial de la Comunión hasta que se restaurara el orden.

ENS supo por uno de los arzobispos que en la mañana del miércoles se había sometido a la votación de los primados [una resolución] en que se le pedía a la Iglesia Episcopal que se retirara voluntariamente de la Comunión Anglicana por un período de tres años. [Esta propuesta] fue rechazada por 20 votos en contra y 15 a favor, aunque ese retiro no es acorde con los procesos de la membresía provincial tal como se definen en la constitución del Consejo Consultivo Anglicano, el principal organismo normativo de la Comunión. El CCA debe reunirse del 8 al 20 de abril en Lusaka, Zambia.

El arzobispo Foley Beach, líder de la Iglesia Anglicana en América del Norte (ACNA, por su sigla en inglés), ha estado sosteniendo conversaciones con los primados a lo largo de la semana, pero no ha participado en ninguna de las votaciones. Welby invitó a Beach en un esfuerzo por evitar un boicot de los arzobispos africanos conservadores semejante al que tuvo lugar en la última Reunión de los Primados en 2011. La ACNA está compuesta en gran medida de ex episcopales que decidieron retirarse de la Iglesia Episcopal. Algunos primados africanos han declarado su afiliación a la ACNA.
El miércoles por la tarde, la agenda había pasado a otros apremiantes asuntos que afectan la Comunión Anglicana, tales como la labor de ayuda y desarrollo, y su respuesta a la guerra y a los conflictos.

Curry, que fue instalado como obispo presidente y primado de la Iglesia Episcopal en noviembre pasado, asiste a su primera Reunión de los Primados.

Luego de su elección en junio de 2015, Curry dijo que la Comunión Anglicana es tanto acerca de relaciones y asociaciones como acerca de estructura y organización. “Hemos conseguido tareas que hacer; tenemos alguna tarea de Jesús que hacer”, afirmó. “Este mundo clama por nosotros  y nos necesita, y la Comunión Anglicana es una manera en que Dios nos usa unidos para hacer realmente de este mundo un mundo mejor”.

Los primados son los principales arzobispos y obispos presidentes electos o nombrados para dirigir cada una de las 38 provincias autónomas de la Comunión Anglicana. El arzobispo de Cantórbery los invita a la Reunión de los Primados para consultas sobre asuntos teológicos, sociales e internacionales.

martes, 12 de enero de 2016

El inevitable ascenso de los cristianos progresistas

Es inevitable que los cristianos que hoy por hoy podrían ser descritos como “liberales” serán en un futuro la mayoría de los cristianos en Estados Unidos. Ese cambio radical, que ya sentimos moviéndose alrededor nuestro, no puede ser parado, al igual que no se puede impedir que la luna cruce el cielo nocturno. Los cristianos conservadores evangélicos de hoy que están manifestándose contra el “relativismo postmoderno”, la “teología secular revisionista”, la “doctrina naturalista de Dios” o cualquier otro modo del que puedan etiquetar la teología de la izquierda, son como los dueños de carros de antaño manifestándose contra el recién aparecido automóvil.

El futuro del transporte era obvio entonces, el futuro de la teología cristiana es obvio ahora.

Por favor noten la diferencia entre “inevitable” y “bueno”. No digo que el hecho de que la izquierda cristiana ascienda sea una cosa buena (aunque personalmente creo que lo es). Digo que es inevitable. Y el motivo por el que es cierto es tan obvio como el Buick que está estacionado en tu salón.

Antiguamente, era fácil para la vasta mayoría de los cristianos estadounidenses creer que, digamos, los judíos y los homosexuales (por nombrar sólo dos de los muchos, muchos grupos que los cristianos tradicionalmente destinaban de este modo) van al infierno. ¿Y qué hacía que tantos cristianos se sintieran emocional y espiritualmente cómodos como para decir eso? Porque ninguno de ellos conocía a ningún judío o a ningún homosexual. Ningún judío o gay tenía una granja cercana, ningún judío o gay estaba en la feria del condado, ningún judío o gay iba a las reuniones locales de la Asociación de Padres y Maestros, nunca te encontrabas con ellos en la ferretería. Los judíos estaban (aunque de forma involuntaria) aislándose a sí mismos en lugares como Nueva York y aunque pudieras haber tratado con un hombre gay en la sección de plomería, ese era su secreto.

Hasta donde la mayoría de los estadounidenses sabía (o, por supuesto, hasta donde les interesaba saber), el blanco tenía la razón, Dios les había cubierto con su Gracia y les esperaban días felices.

Eso fue ayer. Hoy la mayoría de la gente tiene en sus vidas, y quiere mucho, a por lo menos una persona que no está más cerca de ser un cristiano protestante de lo que yo lo estoy de ser un canadiense francófono. Hoy todo el mundo es pariente de, vecino de, compañero de trabajo o de colegio de alguien que es gay, judío, musulmán, católico, budista, sij, hindú, mormón, unitario universalista, pagano, indio americano, sintoísta, bahaí, rastafari, caodaísta, tenrikyo, agnóstico, ateo, o cualquier combinación de los anteriormente mencionados. (Humanos. ¿Somos un grupo creativo, no?).

Es mucho más conflictivo condenar al infierno a alguien a quien le tienes afecto que a alguien que es un miembro abstracto de un grupo abstracto. Creciendo en mi vecindario suburbano de blancos, no conocía a una sola persona que fuera hindú. Hoy hay cinco hombres jóvenes que son hindúes viviendo justo al lado de mi casa. Estos hombres se han convertido en amigos. Si parte de mi teología insiste que mis amigos hindúes van a ir al infierno, puedes estar seguro de que voy a revisar esta parte de mi teología. No sería humano si no lo hiciera.

Es típico creer que la teología es estática y permanente. No lo es, sin embargo. Lo que es verdad, en cambio, es que la teología sigue a la sociología. Y lenta pero seguramente nos estamos todos convirtiendo en miembros de una enorme sociedad. En el menor de los casos, los medios en general, e internet en particular, nos han hecho a todos dar la vuelta al mundo y ser turistas culturales.

El mundo está cambiando rápidamente. Y tan seguro como que un día sigue al otro, la teología cristiana, como siempre ha sido (¿a alguien le suena lo de la esclavitud?), va a cambiar junto con él. Mientras nuestro mundo se hace más pequeño, nuestra cristiandad se hará más grande, más amplia, más inclusiva.

El mes pasado el Instituto Público de Investigación Religiosa encontró que el 44% de los jóvenes evangelistas entre las edades de 18 y 29 años apoyan el matrimonio gay. También encontró que el 52% de todos los católicos (a pesar de las enseñanzas explícitas de la Iglesia Católica) favorecen el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Las encuestas ahora muestran de forma consistente que en Estados Unidos, el apoyo al matrimonio gay ya no es la opinión de la minoría.

Recientemente, Jim Daly, el presidente de Focus on the Family, dijo esto en una entrevista con la revista WORLD:
Estamos perdiendo [en la cuestión de la homosexualidad], especialmente entre los veinteañeros y los treintañeros: entre el 65% al 70% de ellos favorece el matrimonio entre personas del mismo sexo… Probablemente hemos perdido eso. No quiero ser un extremista, pero creo que tenemos que empezar a calcular dónde estamos en la cultura.
Cuando el presidente de Focus on the Family básicamente abandona en la cuestión homosexual, sabes que las cosas han cambiado.

Soy parte de un grupo llamado La Izquierda Cristiana, cuya página en Facebook crece a un ritmo de 300 nuevos miembros por semana.

Eso no es una tendencia. Es el futuro (además, mientras escribo esto, 700 personas en las últimas semanas se han unido a ThruWay Christians).

La derecha religiosa puede clamar y gritar y protestar todo lo que quiera que, (para citar a Albert Mohler) “El liberalismo simplemente no funciona”. Mohler puede estar perfectamente en lo cierto. Personalmente creo que no, creo que esa afirmación revela una triste falta de fe en la resistente naturaleza de la bondad humana.

De cualquier modo, una cosa es cierta: nosotros—y ciertamente, nuestros hijos—lo descubriremos.

Por John Shore en patheos.com

lunes, 11 de enero de 2016

Semana de la Oración por la unidad de los Cristianos

Al menos una vez al año, se invita a  los cristianos a evocar la oración de Jesús para sus discípulos: «para que todos sean uno; […]; para que el mundo crea […]» (véase Juan 17,21). Los corazones se conmueven y los cristianos se reúnen para orar por su unidad.  Las congregaciones y parroquias de todo el mundo organizan intercambios de predicadores o celebraciones y cultos ecuménicos especiales.  El evento en el que tiene su origen esta experiencia única es la Semana de oración por la unidad de los cristianos.

Esta semana de oración se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero, entre las festividades de la confesión de San Pedro y la de la conversión de San Pablo.  En el hemisferio sur, en el que el mes de enero es un mes de vacaciones, las iglesias encuentran en muchas ocasiones otros momentos para celebrarla, por ejemplo en torno a Pentecostés, que también es una fecha simbólica para la unidad.
Para preparar esta celebración anual, los asociados ecuménicos de una región en particular son invitados cada año a elaborar un texto litúrgico de base sobre un tema bíblico. A continuación, un equipo internacional de editores formado por representantes del CMI y de la Iglesia católica romana pule el texto para asegurarse de que puede ser utilizado como oración en todo el mundo y de que está relacionado con la búsqueda de la unidad visible de la Iglesia.

El texto es publicado conjuntamente por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el CMI, a través de su Comisión de Fe y Constitución, que también acompaña todo el proceso de producción del texto. El resultado final se envía a las iglesias miembros del CMI y a las conferencias episcopales católicas romanas, a las que se invita a que traduzcan y contextualicen o adapten el texto para su propio uso. 

Más info en Consejo Mundial de Iglesias

!Descargar material para la semana de oración! ¡Pulsa aquí

A continuación el programa de actividades en las que ICM va a intentar participar:






sábado, 9 de enero de 2016

miércoles, 6 de enero de 2016

Relato desconcertante

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad. 

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de «los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo». Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede «crucificar» a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso. La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al «niño con María, su madre». Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración. 

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

Por José Antonio Pagola en Periodista Digital

lunes, 4 de enero de 2016

¡No es de los nuestros!

Juan le dijo: — Maestro, hemos visto a uno que estaba expulsando demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de los nuestros. Jesús le contestó: — No se lo prohibáis, porque el que no está contra vosotros, está a vuestro favor” (Lc. 9:49-50 BTI)

Hay personas y grupos de personas que caminan y hacen el bien en el nombre de Jesús de Nazaret. Para ellos, Jesús es un referente para la acción a favor de la justicia. Tal vez no sigan la comprensión dogmática de la persona de Jesús a la manera de las grandes iglesias pero, sin lugar a dudas, pasan por la vida haciendo el bien, y dejando huella en nuestro mundo.

Son como aquel samaritano de la parábola que sin tener la teología “correcta” del sacerdote o del levita, mostró a través de su acción de ayuda -al encargarse de la realidad de la persona herida- la mejor de las ortodoxias, la que se ajusta a la práctica incondicional del amor al prójimo.

Pero muchos, al igual que aquellos antiguos discípulos, pondrán en tela de juicio su fidelidad al dogma, reivindicando para sí el verdadero seguimiento del Galileo, pero no podrán poner en cuestión su fidelidad a la praxis de Jesús de Nazaret, la Palabra viva de Dios.

¡No es de los nuestros! ¡No nos sigue! Dirán los primeros discípulos ante aquellos que hacen el bien a la manera del Mesías. Pero Jesús da una respuesta que desmonta nuestro entendimiento de la fe: No los menospreciéis, “porque el que no está contra vosotros, está a vuestro favor” (Lc. 9:50 BTI). Y es que cualquiera que hace de la lucha por la justicia y la equidad el centro de su existencia no podrá decir mal o estar en contra de aquellos que también hacen de ese centro vital el sentido de su vida. Aunque no coincidan en la comprensión de Jesús, hacen sus obras, hacen del mundo nuevo su horizonte existencial. Y entonces caemos en la cuenta de la coincidencia de horizontes.

Soli Deo Gloria

Por Ignacio Simal Camps en Lupa Protestante

sábado, 2 de enero de 2016

Homofobia en el Consejo “Evangélico” de Madrid

Terminamos el año con una corrección fraterna al Consejo Evangélico de Madrid, que ha amenazado de expulsión a las comunidades locales de la IEE (Iglesia Evangélica de España) si no se retractan de su  Declaración de Mamré, “donde el Sínodo de la IEE opta claramente por rechazar la homofobia en todas sus vertientes, acompañar pastoralmente a las personas LGTB y a sus familias, así como trabajar por su visibilización e integración en la iglesia”.

La Iglesia Evangélica Española siempre se ha destacado por su respeto y defensa de la diversidad, la defensa de la libertad de conciencia, las libertades políticas, su diálogo con la sociedad contemporánea, atendiendo a su espíritu protestante. Se ha esforzado a través del tiempo en construir un protestantismo unido, no en vano fue fundadora tanto de la Alianza Evangélica Española como de FEREDE.

Dice la Comisión Permanente de la IEE: “Hoy nuestras iglesias locales se ven amenazadas por aquellos que se llaman nuestros hermanos en Cristo”, por el CEM, que según reza su lema es “la casa común protestante”. “Nuestro pecado consiste en tomar partido a favor del ser humano, defender sus derechos dentro y fuera de las puertas de la iglesia. Nuestro pecado consiste en no estar apegados a la letra, sino al espíritu de las Escrituras, y haber perdido el miedo ante los que pretenden tener la Verdad presa en sus palacios invernales.”

“¿Qué decir? Simplemente confesar que nuestra conciencia eclesial está presa de la Palabra de Dios. Dicho de otro modo, somos presos del mismo Cristo, de su forma de hacer y de su respeto por la dignidad del ser humano. Y no hay concilio, ni institución, ni dogma que esté por encima del Resucitado que sigue inspirando a su pueblo a través del Espíritu. Seguiremos actuando como siempre hemos vivido, defendiendo la dignidad del ser humano, y luchando por sus derechos a la manera de Jesús de Nazaret. Nunca hemos impuesto nada a nuestros hermanos y hermanas, y tampoco queremos que por su parte se nos imponga nada…”

Desde estas líneas denuncio la presión homófoba del CEM contra una Iglesia ejemplar y fiel al Espíritu, que acoge fraternalmente a las personas LGTB. Ya es triste la actitud del sector más conservador de la Iglesia Católica Romana para sufrir también condenas y exclusiones del fundamentalismo protestante. Llamo al CEM a convertirse al Amor de Dios, encarnado en Jesús, a salir de su interpretación ideológica de la Biblia y a retirar su amenaza a la IEE.

Os deseo un buen año nuevo, con mucha justicia y solidaridad hacia las personas excluidas y necesitadas.

Feliz 2016.

Fundamentalismo y Espiritualidad sana

He recibido críticas, insultos y amenazas de condenación eterna tras mi reciente apoyo a las comunidades de la IEE en Madrid, algunas incluso de predicadores latinoamericanos. Comprendo su intención de preservar “la doctrina” y salvar a las personas LGTB que nos atrevemos a vivir y disfrutar nuestra capacidad de amar en modo afectivo-sexual. Pero sus posturas me parecen ofensivas y hasta peligrosas, propias de una época anterior a la Declaración de los Derechos Humanos.

Los fundamentalismos “religiosos” son reacciones ideológicas frente al miedo que producen los cambios modernos en sociedades cada vez más laicas y libres. Suelen ir asociados a la intolerancia y el fanatismo. Rechazan toda adaptación del mensaje sagrado a la realidad socio-cultural como algo herético. Propician el rechazo y la agresividad contra quienes no compartimos su mentalidad y su forma de entender la fe y la espiritualidad.

Los fundamentalistas suelen apoyar sus posiciones doctrinales con textos fuera de contexto, citas de la Biblia o del Corán que usan como armas arrojadizas sin ningún tipo de rigor hermenéutico, y que se convierten en pretexto para justificar sus posturas dogmáticas o fanáticas. Exigen la absoluta uniformidad doctrinal, tratando de imponer normas morales muy rígidas, reglamentando todos los aspectos de la vida privada. Una mala formación teológica, una falsa y enfermiza experiencia espiritual, una escasa formación humana y una mentalidad cerrada y estrecha aumentan el peligro de radicalización de estas personas y colectivos.

Una espiritualidad sana acoge lo mejor de este mundo actual, no teme los cambios, acepta la laicidad, comprende a quienes no comparten sus creencias, valora los avances científicos y sociales como un bien por el que dar gracias, defiende los Derechos Humanos y la dignidad de todas las personas. No se cree en posesión de la Verdad sino que intenta descubrir la parte de verdad que tienen los demás. No trata de imponer sus ideas, sino de proponerlas y dialogar de modo constructivo y respetuoso.

Entre las personas católicas, protestantes y musulmanas, muchas compartimos esta espiritualidad abierta y positiva, que nos ayuda a ser más felices, generosos, solidarios, respetuosos y agradecidos. Poco tenemos que ver en la práctica con los fundamentalismos cristianos e islámicos, que tanto daño han hecho, hacen y harán si se lo permitimos. No son nuestros enemigos, pero integran grupos enfermos que pueden ser peligrosos. Y algunos lo son. Sus derechos llegan hasta donde empiezan los derechos de los demás. ¿No os parece?

Por Chema Muñoz en La Revista 21

Más info en dosmanzanas.com

viernes, 1 de enero de 2016

La autoridad de la Iglesia

En el pórtico del 500 aniversario de la Reforma.

Lutero, y con él la Reforma del siglo XVI (1517), llegaron a la conclusión de que la única fuente de autoridad para la Iglesia cristiana era la Biblia, si bien Lutero se la cuestionaba a alguno de sus libros. La autoridad de la Biblia frente a la “cautividad babilónica” de la Iglesia, que supone volver a la tradición eclesiástica; a los orígenes cristianos, frente a formularios litúrgicos y dogmas conciliares que, según Lutero, se alejaban del espíritu de las Sagradas Escrituras. En resumen, Biblia vs. Tradición.

Desde ese convencimiento, la Reforma llega a formular la siguiente trilogía: Sola Fe, Sola Grattia, Sola Scriptura, una fórmula convertida en el lema y estandarte de las iglesias reformadas. Unos años después se celebra el Concilio de Trento (1545-1563), un concilio de reacción ante la Reforma, convocado por la Iglesia de Roma exclusivamente, no ecuménico por lo tanto, en el que los asistentes se ocupan de estructurar, tanto teológica como institucionalmente,  la Iglesia católico-romana y se establece, como fuentes de autoridad: la Tradición, el Magisterio y la Biblia, en ese orden de relevancia, al margen de cómo aparezcan transcritos en los documentos conciliares, un orden de prelación que se mantiene, al menos hasta la celebración en la década de los 60 del siglo XX del Concilio Vaticano II, en el que se recupera en parte la relevancia de la Biblia.

Cual sea la fuente de autoridad de la Iglesia no es un tema menor, ya que eso puede determinar y determina la preeminencia que se atribuya a cada una de esas fuentes y, en su caso, la consistencia y el valor de las decisiones adoptadas. En cualquiera de los casos, sea por parte de la tradición católico-romana como de la protestante y también de las iglesias ortodoxas, el referente final para los cristianos es el Fundador, Jesús de Nazaret, a cuyas palabras y mandamientos se recurre como definitiva autoridad.

A partir de ese axioma, acudimos directamente en busca de aquellas palabras de Jesús que puedan servirnos de referencia para fundamentar el tema que nos ocupa. Jesús se apoya con frecuencia en la Ley y en lo que habían dicho los profetas, con lo que vincula su magisterio a las tradiciones y enseñanzas judías, si bien no lo hace de forma literal, sino mediante una relectura de los textos considerados sagrados por los judíos e incluso señalando alternativas: “Oísteis que fue dicho”, “…más yo os digo”.

Por su parte Lucas nos introduce en esa época que media entre la resurrección y la ascensión, un período de cuarenta días de aliento, de afirmación de la fe y de repaso de la misión de la Iglesia naciente, en el que Jesús resucitado marca algunas pautas a seguir.

El problema que se les presenta a los discípulos estaba vinculado a sus propias limitaciones para afrontar la misión que se les encomienda, ya que a esas alturas no han terminado de entender y asimilar su alcance.  Y es entonces, ya como cierre de esa etapa intermedia, cuando Jesús les hace un anuncio que implica una promesa: “Yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros”; una promesa que aún no les queda suficientemente clara, por lo que Jesús añade: “quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Luc. 24: 49).

El libro de los Hechos es mucho más explícito. Allí se habla del Espíritu Santo, que se hace presente el día de Pentecostés, como aquél que no sólo acompaña sino que afirma y apuntala los mandamientos (cfr. Hech. 1: 2) y, a través del cual, recibirían el poder necesario para encauzar debidamente su misión al frente de la Iglesia (cfr. Hechos 1:8). De esta escena se desprenden algunas afirmaciones y algunas omisiones significativas...

Para leer el articulo completo pincha en el enlace...

Por Máximo García Ruiz en Lupa Protestante