domingo, 17 de agosto de 2014

¿Qué es la Biblia?

La Biblia no es un libro: es una biblioteca (Proverbio Rabínico)

Biblia es una palabra de origen griego  que significa “los libros”. Con este término, se designa la colección de escritos sagrados para el pueblo judío y para la iglesia cristiana. En ella, se encuentran los mensajes de los profetas, de los poetas, de Jesús y de los apóstoles, los cuales tuvieron experiencias profundas con Dios y las pusieron por escrito. Así que en la Biblia tenemos la memoria primaria del pueblo de Israel y de la Iglesia cristiana de un Dios que camina con su pueblo para liberarlo, y que envía a su hijo para dar un mensaje de esperanza a la humanidad: el reinado de Dios.

Como colección de escritos, la Biblia es un texto muy diverso. Cuenta diferentes experiencias vividas en muchos lugares: montañas, valles, campo, ciudad, desierto, Egipto, Palestina, Babilonia, Roma,  Patmos; y también representa a muchos pueblos o individuos de muchas naciones: caldeos como Abraham, cananeos como Rahab, israelitas como Elías, judíos como David, moabitas como Ruth, griegos como Esteban, romanos como Pablo, etíopes como el Eunuco, entre otros. En este sentido, se trata de un texto en el que se encuentran muchas culturas, las cuales comparten muchos elementos en común, como la forma de comer, de vestir o de interpretar la realidad.

La Biblia es la tradición de un pueblo, pero ante todo es una tradición literaria dada en un contexto histórico determinado, muy diferente al nuestro. Por esto, el acercamiento a la Biblia implica un acercamiento cuidadoso y respetuoso, al saber que no estamos con un texto que se escribió la noche anterior, o que se hizo en nuestro propio idioma, sino que se trata de una colección de textos escritos hace más de dos mil años y en otros idiomas. No es inaccesible, por supuesto, pero requiere de mucho cuidado para interpretarla.

Para conocer la Biblia, es importante conocer la historia. Como señala el biblista alemán Gerd Theissen (2002), los escritores de los evangelios eran ante todo pastores que intentaban dar una orientación para sus comunidades, en situaciones muy distintas a las que se dieron durante la vida y muerte de Jesús. En las iglesias había discusiones conflictos sobre qué cosas se podían comer, con quién se podía comer, cómo se debían relacionar con personas que creían otras cosas y cómo debían actuar con respecto a las políticas del imperio. Los escritores de estos textos buscaban ayudar pastoralmente a las personas para que tomaran las decisiones más adecuadas al mensaje liberador del evangelio y también a la situación específica. Por esto es importante entender a los personajes de la época bíblica como si fueran extranjeros, que hablan otro idioma y que piensan distinto, y no como nuestros amigos o familiares. Esto nos permitirá tener distancia frente a pasajes difíciles y realizar reflexiones apropiadas para poner en práctica la fe.

En segundo lugar, es importante entender que la Biblia es literatura. Es decir, está compuesta de diversos géneros literarios: poesía, narrativa, historia, profecía, leyes, cartas, evangelios, literatura apocalíptica. Y por esto hay que diferenciar una imagen poética (una montaña que salta como cordero, por ejemplo) de una ley (“no matarás”). Hay que distinguir entre una imagen apocalíptica (una bestia con dos cabezas, por ejemplo) y una descripción histórica (el trono de un rey). Esto ayuda a entender el mensaje que hay detrás, a no confundir el estilo con la revelación, a diferir entre una parábola con la historia real. Como sucede cuando leemos Las crónicas de Narnia: comprendemos que allí hay un mensaje profundo, de salvación humana, pero sabemos que literalmente Jesús no era un león y que los ratones no hablan. Lo importante es el mensaje que hay detrás, y las vestiduras de ese mensaje (el estilo, el género literario) deben comprenderse de manera adecuada para entender el mensaje.

En tercer lugar, debemos tener en cuenta que, a pesar de la distancia, la Biblia sigue hablándonos. Es importante tener cuidado con la historia, la cultura, el idioma y los patrones literarios. Pero, realizando un estudio comprometido, hemos de saber que las Escrituras tienen un mensaje actual de justicia y liberación, de un Dios que no se conforma con la maldad humana, y que nos desafía a que construyamos una sociedad mejor. Por esto, no se trata de hacer una lectura meramente arqueológica o cientificista de la Biblia, sino de poner en práctica sus enseñanzas y su mensaje de amor a Dios y al prójimo. Para esto, debemos leer la Biblia en perspectiva hermenéutica.

Nuestro libro sagrado proviene de una sociedad pastoril y agrícola que transmitía de manera oral las noticias e historias de los antepasados y los vecinos. La Biblia como libro, el libro que tenemos en nuestras manos, es el resultado de una larga historia de narraciones de diversas familias y comunidades que, poco a poco, empezaron a escribirse en pequeños textos. Esos pequeños textos empezaron a compilarse en libros o “códices”. Esos libros empezaron a ser reunidos junto a otros libros. Y con el paso de cientos de años, llegaron a convertirse en una colección de libros.

Cuando nos preguntamos por quién escribió la Biblia, estamos mirando los textos antiguos con los lentes de nuestra época. Hoy podemos leer la Biblia como un libro, incluso como un libro digital. Pero debemos tener en cuenta que la Biblia proviene de un mundo muy diferente al nuestro, en el que era más importante contar historias alrededor de una fogata o en la cocina de la casa que ponerse a leer en una biblioteca.

De igual manera como los aspectos de una Constitución nacional se discuten con el paso del tiempo, las narraciones, leyes y literatura de la Biblia fueron escuchados, transmitidos, interpretados, escritos, reescritos, coleccionados, editados y finalmente compilados en un libro de libros que hoy llamados “Biblia”.

Un texto bíblico puede interpretarse como un texto constitucional para Israel y posteriormente para la Iglesia, y aun así puede ser reinterpretado a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en 2 Samuel 7 se promete al rey David que sus hijos reinarán por siempre en el trono de Israel. Este texto tiene su origen en el siglo X a.C., en la época de la transición de los pastores seminómadas hacia un Estado más urbano.

La promesa a David funcionó como la ideología que dio autoridad al nuevo rey y a sus hijos. Pero con el paso del tiempo esta monarquía fue decayendo. Con el ascenso del imperio asirio, en el siglo VIII a.C., Israel casi desaparece. Pero algunas personas seguían creyendo que Dios había prometido el reino a los descendientes de David para siempre (1 Re 11,36; 15,4; 2 Re 8,19). Luego, en el siglo VII, la promesa fue aplicada a un rey y al templo, y se creyó que Dios habitaba con su pueblo en el templo. En el siglo VI, el imperio babilonio se llevó a muchos judíos para el exilio, perdiendo su tierra y todo el reino; el templo fue destruido e Israel se quedó sin rey. Pero aun así seguían creyendo en la promesa hecha a David para el futuro. De esta manera la misma promesa se reinterpretó, y muchas personas esperaban que en el futuro llegara el reinado de Dios mediante un descendiente de David, ya fuera real o simbólico.

En el siglo I d.C., cuando nació el cristianismo, muchas personas creyeron que la promesa del rey davídico había llegado a su cumplimiento en la persona de Jesús de Nazaret. Así es como un mensaje que empezó para legitimar al rey de Jerusalén, terminó aplicándose a un carpintero de Galilea en quien reposaron todas las esperanzas de la transformación de la comunidad frente a la invasión del imperio romano.

En la época en que se escribió la Biblia, la gran autoridad estaba en la transmisión oral y no tanto en los textos escritos. La importancia del “autor” de un texto era desconocida en el mundo antiguo. Los textos más importantes de Antiguo Oriente, tales como la Epopeya de Guilgamesh, el relato babilónico de la creación llamado Enumah Elish y muchos textos egipcios y cananeos no tienen un autor definido. Se trata de relatos originalmente orales que en algún momento fueron puestos por escrito por “escribas”, personas que tenían la profesión de escribir para las cortes de los reyes, y que hacían reformas y correcciones, pero no eran lo que conocemos por “autores”. De hecho la lengua hebrea antigua no tiene una palabra que signifique “autor”, sino que se refiere a “escriba”, como alguien que transmite una tradición y un texto de una generación a otra.

Las culturas antiguas eran orales. Las tradiciones y las historias eran contadas de boca en boca, especialmente por parte de las madres a los hijos y las personas ancianas. Estas historias tenían mucha autoridad para la comunidad y por esto los padres y las madres estaban obligados a enseñarlas a sus hijos, como dice Deuteronomio 6,6-7: “Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las inculcarás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado”.

A partir del siglo II a.C., se empezó a expandir la cultura griega-helenística con el emperador Alejandro Magno. La cultura helenística valoraba los textos escritos, y ya contaba con legados importantes como La Ilíada y La Odisea, las Tragedias de Sófocles y los Diálogos de Platón. Para ellos sí era importante atribuir la autoría a los textos, y por esto dijeron que la colección de cantos orales sobre la guerra de Troya (llamados todos en su conjunto La Ilíada) eran escritos por el poeta Homero.

El mundo judío se vio influenciado por esta cultura helenística, y de esta manera empezó a atribuir sus textos a personajes importantes para su historia, tales como Moisés, Samuel, David, entre otros.

Sin embargo, si atendemos bien a los propios textos bíblicos, nos damos cuenta que estos personajes antiguos no son tanto autores sino personajes. Por ejemplo, el libro de Isaías empieza diciendo: “Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén en tiempos de Ozías, de Yotán, de Acaz y de Ezequías, reyes de Judá” (Isa 1,1). Y el texto mismo sugiere que los discípulos de Isaías recopilaron las palabras que el profeta había escuchado de parte de Dios y fueron ellos los que las pusieron por escrito (Is 8,16). Así vemos que los profetas recibían mensajes Divinos y los predicaban al pueblo, y eran sus secretarios los que tomaban nota, como es el caso de Baruc, el secretario de Jeremías (Jer 36,32).

La familia era la principal encargada de transmitir las tradiciones orales. Los Salmos, por ejemplo, muestran cómo la historia de Israel no era transmitida a través de un libro, sino a través de canciones, que eran enseñadas a los niños y las niñas por sus papás y sus mamás (Sal 105,1-2). La literatura de Sabiduría era transmitida oralmente, y sólo con el paso del tiempo los dichos de los sabios y de los padres y las  madres fueron puestos por escrito, como lo hace ver Proverbios 1,8: “Hijo mío, escucha los avisos de tu padre, no rechaces las enseñanzas de tu madre”. Algunos de estos proverbios son atribuidos a Salomón, pero se aclara que fueron recogidos por escribas de la corte, no escritos por el mismo rey: “Otros proverbios del rey Salomón que recogieron los escribientes de Ezequías, rey de Judá” (Prov 25,1).

En el Nuevo Testamento ya se escriben textos con autores definidos. Sin embargo, un escritor como Pablo sabe que es más importante la vida misma que viven los lectores que los textos propiamente escritos: “Nadie puede negar que ustedes son una carta de Cristo, que él redactó por intermedio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo, no en tablas de piedra, sino en corazones de carne” (2 Cor 3,3).

Para los rabinos judíos del primer siglo, había un vehículo de transmisión oral que se llamaba la Torah oral, y que servía como forma de interpretar la Torah escrita. Para los rabinos, era más importante esta Torah oral que la misma Torah escrita. La mayoría de la población no sabía leer, pero sí se podía aprender la tradición de memoria. En este sentido se consideraba que la Torah oral era más accesible a todos, mientras que sólo los alfabetizados podían acceder al texto escrito. Estos textos luego se escribieron y hoy se conservan en la Misná y el Talmud.

En el año 70 d.C., el Templo de Jerusalén fue invadido, y en el 135 fue destruido totalmente por parte del emperador romano Adriano. A causa de esto los judíos se dieron cuenta que era importante escribir y recopilar sus memorias, y también lo hicieron los cristianos. Así empezaron a juntar todas las tradiciones escritas y orales y ponerlas en forma de Canon, es decir una regla que les permitiera identificarse a lo largo del mundo. Así tanto los judíos como los cristianos pasaron a ser “pueblos del libro” hasta la actualidad. Sin embargo, esta historia nos hace recordar siempre que este “libro” proviene de muchos textos orales que se fueron componiendo y recomponiendo a lo largo del tiempo, y que hoy se llaman Biblia (Libros).

Por Juan Esteban Londoño en Lupa Protestante

jueves, 7 de agosto de 2014

Reflexiones sobre el amor

A causa del exceso de información —calificada o no—  los cristianos vivimos en una época convulsionada en muchos aspectos, entre ellos el florecimiento de la diversidad teológica. Abundan cada vez más subgrupos religiosos con sus doctrinas y distintos énfasis, dejando a la esencia del cristianismo tras una nebulosa bastante espesa. Por esta razón, hace un tiempo se disparó en mi mente un interrogante: ¿Qué es lo indispensable? ¿Qué actitud cristiana es indiscutible? En medio de tantas doctrinas, ¿Cuál es la directiva cardinal e inconfundible?

El problema de la respuesta es que no parece muy difícil de enunciar, y por eso es frecuente que sea tomada como una obviedad. Jesús dice que toda la ley y el mensaje de los profetas se resumen en amar a Dios y en amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:34-40). El apóstol Pablo hace su aportación diciendo que si no hago todo con amor, de nada me sirve. No hay duda de que estas sentencias son firmes. El amor es lo más importante y en la teoría todos lo sabemos. Pero esto, justamente, no termina aquí. La cuestión abre el juego a otros planteamientos.

La gran pregunta que sigue es: ¿Qué implica amar? O más profundo aun, y prácticamente insondable: ¿Qué es el amor?

Aunque Jesús nunca dio una definición teórica acerca de la esencia del amor, lo plasmó en la parábola del hijo prodigo; cuando se acercó a la mujer adultera y cuando sanó a un leproso, entre otras. Distintas manifestaciones con una tonalidad en común. El apóstol Pablo, no nos dice qué es el amor, sino cómo es en la primera carta a los Corintios capitulo 13. Tenemos, por tanto, algunas pistas a seguir.

Mi intención con lo que sigue a continuación es trasmitir algunas ideas al respecto. Sin pensar en una definición precisa, propongo responder añadiendo algunos sinónimos, que aunque por si solos no equivalen al concepto de amor en su totalidad, lo llevan implícito de alguna manera.

Si pienso en el amor como valoración, como algo que se aprecia, entonces quiero decir que también lo abrazo, que lo quiero cerca, que lo recibo, que no lo aparto, sino que lo atraigo hacia mí. Amar implica abrazar completamente. Amar es aceptar lo conocido.

Por eso no puedo amarme completamente si primero no me conozco. No estaba equivocado el oráculo de Delfos al mandar al hombre conocerse a sí mismo. Lo que quiere decir que no puedo entrar en contacto con algo si no tengo una percepción de eso o si lo ignoro. No puedo tomar lo indefinido. No puedo asir un objeto si no conozco sus contornos. Por eso mismo, insisto que para amarme —para realmente amarme— tengo que conocerme y así palpar mis propios límites.

Amarse a si mismo es valorarse, es reconocerse aun cuando haya cosas que no sean dignas de ser valoradas desde las exigencias de nuestros esquemas mentales. Sin embargo, amar no significa aprobar todo lo que encontremos dentro de nosotros. Dar la bienvenida a un pensamiento perverso no es aprobarlo. Cabe aclarar que cuando digo dar la bienvenida, estoy diciendo ‘acepto que esto está presente dentro de mí y no lo niego’.

Para brindarme cuidado y para protegerme tengo que tener noción de mi mismo, de mis necesidades y de mis carencias, mis inseguridades y mis miedos. Debo reconocer toda mi pobreza. Una vez que mis partes oscuras y reprimidas tienen lugar en mi conciencia, gracias al poder del amor puedo ser responsable para elegir como vivir. De este modo practicamos el amarnos a nosotros mismos. Pero aun nos queda otra cuestión. Esto es sólo una parte del recorrido.

En segundo lugar se me llama a conocer al otro y a aceptarlo, a aceptar su necesidad, a darle validez a su sufrimiento o a su alegría, tanto como si fuera yo mismo. Esta reciprocidad es indispensable: “La idea expresada en el bíblico ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’ implica que el respeto por la propia integridad y unicidad, el amor y la comprensión del si mismo, no pueden separarse del respeto, el amor y la comprensión del otro individuo” aporta Erich Fromm. En un sentido práctico, si no he aprendido a reconocer mi rabia y mi resentimiento, difícilmente puedo recibir esos sentimientos en el otro; sus palabras van a suscitar una resonancia incomoda y una defensa hostil por parte de mi ego. El resultado —velado o no— será el rechazo, que sin duda es uno de los dramas del hombre.

El amor es por tanto —según mi criterio— una conjugación de respeto, validación, aceptación, recibimiento y acogida. Es algo que no es un acto en si mismo, sino una actitud. Es un condimento que sazona nuestra forma de actuar, de forma sutil pero que logra un impacto profundo en el otro.

Si Dios nos recibe a nosotros como estamos, en nuestra indigencia, nosotros debemos recibirnos a nosotros mismos en la misma condición y a la vez recibir a los otros de la misma manera. Es la espiral del amor.

Dios da valor a nuestra vida y, como relata el salmista, no desprecia nuestras lágrimas. No pregunta de donde vienen, él simplemente las recoge, les da valor y sentido. Así mismo tenemos que hacer con nosotros mismos y con el otro, con todo lo que trae en sus espaldas. Debemos tratar su vida con respeto, como a algo frágil y de gran valor.

Scott Peck, psiquiatra cristiano estadounidense, insiste en que el verdadero amor implica crecimiento espiritual. Estoy de acuerdo, creo que la máxima dadiva del amor es lograr el desarrollo y crecimiento espiritual de la otra persona. Aun así “la persona que realmente ama, que valora el carácter único y diferente de la persona amada, se resistirá ciertamente a suponer ‘Yo tengo razón, tu estas equivocado; sé mejor que tu lo que te conviene’.” Señala Peck. Se ama principalmente respetando la autonomía. Es entonces cuando detrás de cada acto de amor está esa promoción suave y carente de coerción de la espiritualidad del otro, el impulso hacia la libertad, el hacer del otro un ser responsable y maduro, un ser autoconsciente, capaz de amar también a su prójimo. Que Dios nos ayude a que esto sea una realidad diaria, a disponernos a servir día a día, no necesariamente de manera formal en una actividad programada, sino continuamente con ese prójimo que nos fue dado —como en el caso de nuestros padres y hermanos— o que —como a nuestros cónyuges— hemos elegido para vivir.

Si somos realmente capaces de amar, tendremos en nuestras manos el poder sobrenatural de Dios. Bajo la ley del amor seremos realmente libres y podremos decir, como San Agustín en su homilía: “Ama y haz lo que quieras: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Exista dentro de ti la raíz de la caridad; de dicha raíz no puede brotar sino el bien.”

Por Martin Payba Adet en Lupa Protestante

viernes, 1 de agosto de 2014

“La homofobia no está en la Biblia, sino en sus intérpretes”

El Dr. Renato Lings es traductor e interprete; doctor en Teología y escritor. Ha trabajado entre otras cosas como intérprete en el Parlamento Europeo, como profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana o investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education. En 2011 publicó: “Biblia y homosexualidad; ¿se equivocaron los traductores?”. 

Empecemos por el principio. Naciste en Dinamarca dentro de una familia evangélica muy activa dentro de la Iglesia, de hecho tu padre era maestro y encargado parroquial. ¿Cómo fue para ti descubrir tu homosexualidad en ese contexto? ¿Y para tu familia?

Descubrir mi homosexualidad fue una experiencia muy extraña. A partir de los once años aproximadamente me fui dando cuenta que algunos varones me atraían poderosamente. Al mismo tiempo no me atrevía a mostrarles ningún afecto especial. Crecía en un ambiente rural cerrado y represivo en el que era peligroso “pasarse” y reinaba la conformidad en todo. La homosexualidad era un tema tabú y, como medida de autoprotección, yo guardaba instintivamente mi secreto. Durante toda mi adolescencia, nadie se enteró de mi vida sentimental. 

¿Cómo era el Dios que tenías dentro del armario? ¿Cambió en algo cuando finalmente pudiste salir de allí? 

Era un Dios contradictorio. Por un lado me enseñaron en la escuela dominical la importancia de Juan 3,16, versículo que dice: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna.” Es una afirmación hermosísima que me ha permitido conservar mi fe cristiana hasta la fecha. Al mismo tiempo, sin embargo, el Dios que reinaba en mi ambiente familiar tenía bastante de dictador porque muchas cosas nos estaban prohibidas. Por ejemplo, a mí y a mis hermanas y hermanos no nos permitían aprender a bailar y no podíamos leer libros y revistas con contenido erótico. A los 18 años intenté salir del armario acudiendo al médico de cabecera pero él me remitió a un psiquiatra bastante retrógrado que me aconsejó esperar algunos años más. Fue una etapa dura y depresiva, de una gran soledad. Sólo conseguí liberarme del armario cuando cumplía 24 años. Fue una auténtica experiencia liberadora. Empecé a entender a Dios de otra manera, aceptándolo como Creador de todo el universo y, por tanto, de la sexualidad humana. 

Tus primeros estudios a mediados de los años sesenta fueron “Literatura y Cristianismo” y “Filosofía, griego y hebreo”... interpreto que tenías interés por conocer más profundamente la Biblia. En aquel momento, ¿Qué significaba para ti la Biblia? ¿Era una fuente de liberación o de condena? 

Durante mi adolescencia llegó a aburrirme la Biblia hasta el punto de saciedad debido a la manera autoritaria en que nos la imponían. Para una persona joven como yo era prácticamente un documento fosilizado. Además, no me permitían cuestionar nada. Cuando tenía 21 años escuché una charla en que un teólogo analizaba el pecado de Sodoma y Gomorra. Terminó su reflexión afirmando que este relato bíblico condenaba “la homosexualidad”. Eso me asustó y aquel día la Biblia empezó a preocuparme de verdad. A partir de aquella experiencia me he esforzado por entender la naturaleza de la supuesta condena bíblica y desde entonces busco el lado liberador de las escrituras. 

Si nos centramos ahora en los textos bíblicos que tradicionalmente son utilizados por los cristianos conservadores para condenar a las personas homosexuales, me pareció interesante la propuesta de tu artículo “Los –yaceres- de una mujer”[1] en la que afirmabas que Levítico 18,22 se puede traducir como. “No cometerás actos de incesto con varones”. Nos puedes explicar brevemente, y para que podamos entenderlo, las razones de esta traducción y sus implicaciones. 

Es muy interesante el versículo 18,22 del Levítico. El lenguaje hebreo del texto original es opaco, muy difícil de entender. Por eso vienen acumulándose, desde tiempos antiguos, diferentes interpretaciones. Actualmente mis investigaciones bíblicas me permiten catalogar 14 lecturas distintas de Lev 18,22. ¿Cuál es la correcta? La respuesta es sencilla: “No sabemos”. La lectura menos probable es la que pretende presentar el versículo como una condena de “la homosexualidad”. Hace años que esta lectura está de moda porque a los traductores les facilita grandemente su trabajo. No obstante, es un anacronismo atribuir al redactor del texto hebreo actitudes “homófobas”. Este versículo no aporta ningún dato de interés para la gente LGTB de nuestros días. Si nos valemos de criterios literarios y lingüísticos a la hora de analizarlo, la clave interpretativa aparecerá por otro lado. Hasta tiempos muy recientes los estudiosos han hecho caso omiso del tema del incesto. No obstante, una amplia parte del capítulo 18 habla justamente de ese problema. Por tanto, recomiendo que tengamos en cuenta el tema del incesto a la hora de reflexionar sobre Lev 18,22. 

En otro de tus artículos, “Sodoma, escenario de un choque cultural”[2] afirmas que dramas como el de Sodoma pueden convertirse en instrumentos de liberación para las personas LGTB. ¿Puedes ponernos un ejemplo? ¿Cómo podemos acercarnos a esta historia bíblica desde nuestra realidad lgtb y sentirnos liberados? 

De acuerdo, es muy buena la pregunta porque a primera vista mi propuesta tal vez pueda parecer contradictoria. Si nos atenemos estrictamente a la tradición cristiana, el drama de Sodoma y Gomorra es opresor y violento. Ahí está el origen de toda nuestra vía crucis. Ahora bien, hay otra manera muy distinta de acercarnos al relato bíblico. Si deseamos respetar el testimonio que nos presenta la Biblia hebrea, ahí tenemos a los profetas Isaías, Ezequiel, Jeremías, y otros. Históricamente son los primeros intérpretes del drama de Sodoma. Según esta corriente interpretativa, el pecado de la ciudad no tiene nada que ver con supuestos delitos sexuales. Todas las voces proféticas utilizan el nombre de Sodoma como metáfora para criticar sin pelos en la lengua a los gobernantes y políticos de su época, tildándoles de idólatras, egoístas, arrogantes, opresores y violentos. Por ejemplo, léete el capítulo 1 de Isaías, fijándote en los versículos 10-17. También vale la pena estudiar Ezequiel capítulo 16, versículos 46-51. Si aprendemos a escuchar a los profetas para que nos enseñen a interpretar bíblicamente el drama de Sodoma, el proceso nos ayudará a liberarnos a nosotros mismos, a denunciar la injusticia y a ser solidarios con los desfavorecidos que malviven en nuestro entorno. 

Y si vamos al Nuevo Testamento y a las cartas Paulinas, por ejemplo en textos como Rm 1:26-27 o 1 Cor 6:9-10, podríamos interpretar que el Apóstol se posiciona en contra de las relaciones sexuales entre dos hombres. ¿Crees que es así? ¿Cómo deberíamos acercarnos las cristianas y cristianos de hoy a esos textos? 

Bueno, son textos muy curiosos y cada uno tiene sus complejidades. Te sugiero que vayamos por partes. Si nos acercamos primero a 1 Cor 6:9-10, te diré que muchos traductores se equivocan a la hora de interpretar dos vocablos griegos como son malakoi y arsenokoitai. Por su parte, malakoi significa “blandos”, “blandengues” o “débiles”, mientras que no se sabe prácticamente nada de arsenokoitai. Literalmente vendría a significar “varones-cama” o “varones que se acuestan”. Posiblemente la palabra tenga que ver con los burdeles y con el tráfico ilegal de prostitutas y de prostitutos jóvenes, negocio muy lucrativo en el imperio romano. Insisto, sabemos muy poco de este vocablo. Es importante darse cuenta que no aparece en la literatura erótica redactada en griego. Por esta razón no podemos interpretarlo como referencia a varones homosexuales. Debemos rechazar enérgicamente las traducciones equivocadas, de las que hay, lamentablemente, unas cuantas. 

 En cuanto a Rom 1:26-27 la situación es distinta. Según la tradición cristiana, Pablo critica allí a las personas homosexuales. Sin embargo, si sometemos estos versículos a un cuidadoso análisis literario, veremos que todos los verbos principales aparecen en tiempo pasado indicando que el apóstol se refiere a sucesos históricos conocidos. Algunos traductores de nuestra época se han atrevido a modificar los verbos convirtiéndolos en tiempo presente, tal vez para herir a la gente LGTB de hoy, pero se equivocan gravemente. El apóstol cita hechos ocurridos en el pasado remoto. Con respecto al versículo 26, se refiere probablemente a un grupo de mujeres que se prestó, en un momento determinado, para dedicarse a actividades sexuales “antinaturales” con varones. En tiempos antiguos, lo de “antinatural” quiere decir que sucede al margen del coito vaginal. Puede tratarse del sexo oral o anal. Los varones descritos en el versículo 27 parecen haber participado activamente en orgías, tal vez dedicadas a la Cibeles, diosa originaria de Asia Menor. En todo caso, el discurso de Pablo en este pasaje se inspira grandemente en el Libro de la Sabiduría que contiene una larga serie de denuncias de las prácticas idolátricas y de los excesos que acarrean. Ante todo, las críticas de Pablo se centran en la idolatría. En ningún momento le interesa condenar a dos personas que viven en pareja. La gente a que se refiere el apóstol en este pasaje no es cristiana sino pagana. Es absurdo aplicar esta polémica puntual, que surge en un debate ocurrido hace dos mil años, a las personas LGTB cristianas de nuestro tiempo que vivimos en una realidad muy distinta. 

 Para entender mejor a Pablo en la Carta a los Romanos, hay que leer la carta entera hasta llegar al capítulo 16. Demasiados lectores se limitan a estudiar algunos versículos del capítulo 1, ignorando que el texto continúa y que sirve para criticar a una persona determinada que vive en Roma. Esa persona aparece en el capítulo 2. En tiempos del apóstol no existía la división en capítulos que conocemos nosotros. Las denuncias expresadas en el capítulo 1 desembocan en el capítulo siguiente donde Pablo castiga verbalmente al “instructor” de origen judío que siembra la confusión en la comunidad cristiana recién constituida. Hacia el final de la carta (16:17) Pablo previene a sus lectores contra quienes predican doctrinas que le son ajenas: “Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido”.

Para estudiar este contexto, recomiendo las obras de los teólogos James Alison y Douglas Campbell. Este último intuye que la diatriba expresada en el capítulo 1 de la carta pertenece realmente al instructor judío y que Pablo la cita para después rechazarla enérgicamente. O sea, las opiniones vertidas en los versículos 1,26-27 no las comparte el apóstol sino todo lo contrario. Leída así, la carta comienza a tener una coherencia profunda, permitiéndonos apreciar mejor cuál es la misión principal del Apóstol de los Gentiles. Como él mismo dice en Rom 1:1 y 1:3, su cometido es anunciar y compartir el evangelio de Cristo Jesús. 

Si analizamos hoy el camino andado durante varias décadas por muchos cristianos y cristianas lgtb intentando aclarar o reinterpretar los textos bíblicos que los conservadores utilizan para condenarlos... ¿No te parece que intentar siempre justificarnos sólo muestra que no nos hemos liberado realmente de la homofobia? ¿Qué todavía les estamos intentando pedir que nos acepten en sus iglesias y en su mundo? ¿No te parece que esa dinámica siempre sitúa a las personas LGTB como las que tienen que justificarse y a las heterosexuales las que tienen que ser convencidas para dar su visto bueno?

 Es muy importante esa pregunta. Reconozco de plano que yo mismo caigo a veces en la postura defensiva viéndome obligado a justificar mi compromiso cristiano y mi derecho de pertenecer a una iglesia determinada. Hace tantos años que nos tienen acostumbrados a esta rutina que nos cuesta una barbaridad salir de ella, por muy incómoda y desagradable que sea. Yo he dedicado los últimos diez años de mi vida a reinterpretar los textos bíblicos explicándolos como mensajes que no condenan a las personas LGTB. Ya estoy seguro, completamente convencido, de que la Biblia no es enemiga sino una gran amiga nuestra. Pero todos necesitamos educarnos y estudiar mucho, tanto heterosexuales como las y los que nos definimos de otro modo. Llevamos encima una larga tradición eclesiástica que nos ha amargado la vida. Seamos claros: el problema está en la tradición y no en las escrituras. Volviendo a tu pregunta inicial, me parece que ya es hora que nos acostumbremos a interrogar y cuestionar a los que quieren condenarnos para conocer el motivo de tales actitudes. Ellos piensan tener a su lado la Biblia y la realidad es muy otra. Y, desde luego, insisto y repito que nos urge aprender a analizar las traducciones de la Biblia que usamos habitualmente para poder exponer y denunciar los fallos y errores que cometen los traductores con escalofriante frecuencia. A nosotros nos toca demostrarle al mundo lo que significa amar los escritos bíblicos. 

Supongo que hay muchos textos bíblicos en los que has reconocido a un Dios que te habla como cristiano y gay. Textos que te han liberado, dado fuerzas, te han consolado o dado esperanza... pero sin tener que dejar tu orientación sexual fuera. ¿Podrías compartir brevemente uno de ellos? 

Un texto bíblico que me ha inspirado grandemente es el libro de Rut. Se trata de una perla literaria y teológica. El narrador demuestra cómo una joven mujer pobre, viuda y extranjera (Rut) es aceptada por toda la comunidad de Belén, y bendecida por el Dios de Israel, gracias a su amor incondicional por una mujer israelita (Noemí). Cuando Rut ha dado a luz a Obed, su primogénito, todas las vecinas llevan al bebé al regazo de Noemí diciendo: “A Noemí le ha nacido un hijo”. De esta manera celebran públicamente el vínculo afectivo que existe entre ambas mujeres. 

La experiencia nos confirma que la homofobia no puede tener nada que ver con el evangelio de Jesús, ni con el amor de Dios. ¿Puedes compartir también un texto bíblico que muestre la incompatibilidad del seguimiento de Jesús y la homofobia? 

La homofobia es excluyente. Las personas que Jesús critica más a menudo son aquellas que excluyen y desprecian al prójimo. Jesús no tiene nada de homófobo. En Mateo 19:12 habla de los “eunucos”, término que abarca a personas que nacen asexuales o sin ganas de casarse heterosexualmente, por el motivo que sea. Es posible que esté incluida la gente LGTB. De todas maneras el texto pone en evidencia que Jesús se refiere a estos grupos con respeto. Recordemos también al centurión romano (Lucas 7 y Mateo 8). El diálogo que este oficial mantiene con Jesús nos demuestra que cualquiera que se acerque al Maestro con sinceridad y humildad será escuchado, por muy diferente que sea de la mayoría y a pesar de ser, como en este caso, representante de nada menos que la odiada ocupación militar romana. Por otra parte, es probable que el centurión lleve una relación de afecto especial con el joven siervo moribundo y que es justamente ese amor el que lo motiva a solicitar la intervención de Jesús. El Maestro celebra la gran fe del oficial y lo bendice en términos prácticos sanando inmediatamente al criado amado. También en esta situación cabemos, de alguna manera, las personas LGTB, si nos identificamos con el centurión y su pareja. Por último, he de señalar la relación de afecto que existe entre Jesús y el discípulo amado como la plantea repetidamente Juan Evangelista a partir del capítulo 11. A Jesús no le inquietan en lo más mínimo las relaciones entrañables entre dos personas del mismo sexo sino que las acepta en la práctica. Tanto es así que él mismo se nutre de la ternura especial que lo une a un discípulo muy querido. 

Actualmente los cambios sociales están haciendo que las iglesias tengan que posicionarse respecto a las personas LGTB. Vemos como algunas iglesias en Europa abren sus puertas para ellas, pero otras, como en el caso de España, todavía las tienen cerradas. Todo eso se traduce en tensiones y enfrentamientos.... ¿Qué papel puede tener la Biblia para superar todo esto? ¿Cómo deberíamos acercarnos a ella para que fuera un lugar donde buscar luz y no un ladrillo que lanzarnos a la cabeza? 

La persecución homófoba que orquestan algunas iglesias poderosas se basa ante todo en el prejuicio y en unos pocos textos bíblicos interpretados erróneamente. El problema no está en la Biblia sino en sus intérpretes. Estos hechos vienen documentándose cada año más como lo demuestran, por ejemplo, algunos libros míos. La documentación más amplia de esta temática se encuentra en mi última obra en inglés titulada Love Lost in Translation. Todo mi trabajo teológico lo dedico a dos esfuerzos: (1) reinterpretar la Biblia y (2) denunciar los múltiples errores cometidos por los traductores, quienes actúan así no por maldad sino por ignorancia y debido a su formación en el seno de una larga tradición eclesiástica de índole homófoba y misógina. Y mientras yo viva no me cansaré de hablar de la gran riqueza psicológica y teológica que contiene la Biblia para toda la gente LGTB que quiera profundizar su fe y crecer espiritualmente. El mejor guía para el viaje es el que nos llama diciendo: “Sígueme”. 

Visitar página de Renato Lings 

Por Carlos Osma en Lupa Protestante



[1] Theology and Sexuality. Volume 15.2, 2009, pp. 231-250.
[2] Lisa Isherwood (ed.). Patriarchs, Prophets, and Other Villiains. Londres, 2007.

domingo, 27 de julio de 2014

El humor como expresión de salud psíquica y espiritual

Todos los seres vivos superiores poseen un acentuado sentido lúdico. Basta observar a los gatos y los perros de nuestras casas. Pero el humor es propio sólo de los seres humanos. El humor nunca fue considerado un tema «serio» por la reflexión teológica, aunque es sabido que se encuentra presente en todas las personas santas y místicas, que son los únicos cristianos verdaderamente serios. En la filosofía y en el psicoanálisis tuvo mejor suerte.

Humor no es sinónimo de chiste, pues puede haber chiste sin humor y humor sin chiste. El chiste es irrepetible; repetido, pierde su gracia. La historieta llena de humor conserva siempre su gracia y nos gusta oírla muchas veces.

El humor sólo puede ser entendido a partir de la profundidad del ser humano. Su característica es ser un proyecto infinito, portador de inagotables deseos, utopías, sueños y fantasías. Tal dato existencial hace que haya siempre un desajuste entre el deseo y la realidad, entre lo soñado y su concretización.

Ninguna institución, religión, Estado ni ley consiguen encuadrar totalmente al ser humano, aunque para encuadrarlo exista justamente cierto tipo de orden. Pero él desborda estas determinaciones. De ahí la importancia de la violación de lo prohibido para la vivencia de la libertad y para que surjan cosas nuevas. Y esto en el arte, en la literatura y también en la religión.

Cuando nos damos cuenta de esta diferencia entre la ley y la realidad ―véase por ejemplo, la esdrújula moral católica sobre la prohibición de usar el condón en estos tiempos en que abunda el sida― surge el sentido del humor. Dan ganas de reír, pues tiene todo tan poco buen sentido y es tanto hablar en pleno desierto, ya que nadie escucha ni observa, que sólo puede provocarnos humor. Esas personas viven en la luna, no en la Tierra.

En el humor se vive el sentimiento de alivio del peso de las limitaciones y del placer de verlas relativas y sin la importancia que ellas mismas se dan. Por un momento, la persona se siente libre de los superegos castradores, de las imposiciones que nos exige la situación y realiza una experiencia de libertad, como una forma de plasmar su tiempo, dar sentido a lo que está haciendo y construir algo nuevo. Detrás del humor existe la creatividad, propia del ser humano. Por más limitaciones naturales y sociales que haya, siempre hay espacio para crear algo nuevo. Si no fuese así, no habría genios en la ciencia, en el arte y en el pensamiento. Inicialmente son tenidos por «locos», excéntricos, anormales. Mucho tiempo después, una nueva mirada descubre la genialidad de un van Gogh, la creatividad fantástica de Bach, casi desapercibidas en su tiempo. Se dice de Jesús que los suyos vinieron a llevárselo, pues decían “está loco” (Mc 3,21). De San Francisco se dijo lo mismo: es un «pazzus», un loco, cosa que él aceptaba como expresión de la voluntad de Dios. Y era un santo lleno de humor y alegría hasta el punto de llamarlo «el fraile siempre alegre».

En palabras más pedestres: el humor es señal de que nos es imposible definir al ser humano dentro de un cuadro establecido. En su ser más profundo y verdadero es un creador y un ser libre.

Por eso puede sonreír y mirar con humor los sistemas que lo quieren aprisionar en categorías establecidas. Y el ridículo que constatamos en señores serios (por ejemplo, profesores, jueces, directores de escuela y hasta monseñores) que quieren, solemnemente y con aires de una autoridad superior cuasi divina, hacer a los otros ciegos y sumisos, o que obedezcan cual ovejas a sus órdenes. Eso también causa humor.

Estaba en lo cierto aquel filósofo (Th. Lersch Philosophie des Humors, Múnich 1953, 26) que escribió: «La esencia secreta del humor reside en la fuerza de la actitud religiosa, pues el humor ve las cosas humanas y divinas en su insuficiencia delante de Dios». Desde la seriedad de Dios, el ser humano sonríe de las seriedades humanas con pretensión de ser absolutamente verdaderas y serias. Son nada delante de Dios. Y existe también toda una tradición teológica que nos viene de los Padres de la Iglesia Ortodoxa que hablan del Deus Ludens (Dios lúdico), pues creó el mundo como un juego para su propio entretenimiento. Y lo hizo sabiamente, uniendo humor con seriedad.

Quien vive centrado en Dios tiene motivos para cultivar el humor. Relativiza las seriedades terrenas, hasta los propios defectos y es un ser libre de preocupaciones. Santo Thomas Moro, condenado a la guillotina, cultivó el humor hasta el final: pedía a los verdugos que le cortasen el cuello pero que no le tocasen la larga barba blanca. San Lorenzo sonría con humor a los verdugos que lo asaban en la parrilla y los invitaba a darle la vuelta porque un lado ya estaba bien cocido, o san Ignacio de Antioquia, anciano obispo de la primera Iglesia, que suplicaba a los leones que viniesen a devorarlo para pasar más rápidamente a la felicidad eterna.

Conservar esta serenidad, vivir en estado de humor y comprenderlo a partir de las insuficiencias humanas es una gracia que todos debemos buscar y pedir a Dios.

Por Leonardo Boff en Redes Cristianas

martes, 22 de julio de 2014

Centenario del templo de la Iglesia de El Salvador, 1914-2014

Bajo el lema “Yo soy la luz del Mundo“, la Iglesia de El salvador ( Noviciado, 5 – Madrid), va a celebrar un serie actos en conmemoración de los 100 años de existencia de su templo. Los objetivos que persiguen mediante la celebración de su centenario son:

1. Conmemorar 100 años de historia de nuestro templo poniendo en valor su historia y su ministerio al servicio de la obra de Dios en Jesucristo.

2. Dar a conocer en el entorno nuestra fe protestante y su relación con el espacio litúrgico.

3. Abrir nuestras puertas y nuestra historia públicamente.

4. Compartir con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con la sociedad nuestro agradecimiento a Dios por este don.

5. Fortalecer el sentido de pertenencia y el valor de nuestro testimonio en comunidad.

ICM Pan de Vida participara activamente en los actos conmemorativos del centenario, puesto que este templo es también nuestra casa, en donde hemos sido recibidos con cariño y respeto.

Os recomendamos no perderos las charlas del mes de noviembre tituladas "Hacia una Iglesia acogedora" en las que ICM hablara sobre diversidad. 

Puedes descargar el folleto informativo pulsando aquí.

domingo, 20 de julio de 2014

Semana Mundial por la Paz en Palestina e Israel

Del 21 al 27 de Septiembre, el Consejo Mundial de Iglesias invita a las iglesias miembros y organizaciones conexas a unirse a la semana de sensibilización y acción en favor de una paz justa en Palestina e Israel. Quienes comparten la esperanza de justicia están invitados a realizar juntos acciones pacíficas y a crear un testimonio público internacional común.

Cómo participar

Durante la Semana Mundial por la Paz en Palestina e Israel, las iglesias de diferentes países envían una clara señal a los responsables de las políticas, a los públicos interesados y a las propias parroquias sobre la necesidad urgente de un acuerdo de paz que garantice los derechos legítimos y el futuro de ambos pueblos. Se pide a los participantes que planifiquen sus actividades en torno a estos puntos:

  1. Orar con las iglesias que viven bajo la ocupación, utilizando una oración especial de Jerusalén.
  2. Educar sobre acciones que contribuyen a la paz y sobre hechos reales que se oponen a ella, especialmente los asentamientos en el territorio ocupado.
  3. Sensibilizar a los líderes políticos utilizando políticas ecuménicas que promuevan la paz con justicia.

¿Porqué?

La semana pide a los participantes que traten de alcanzar la justicia para los palestinos a fin de que tanto israelíes como palestinos puedan por fin vivir en paz. Hace 66 años se proclamó la creación del Estado de Israel. Esto no ha dado lugar a la creación de un Estado palestino independiente, sino que ha intensificado la tragedia del pueblo palestino. Han pasado más de 40 años desde que la ocupación de Jerusalén Este, la Rivera Occidental y Gaza destruyera el ideal pacífico de una tierra, dos pueblos.

Sin embargo, el sueño de una nación no puede cumplirse a expensas de la otra.

El mensaje de la semana de acción es que ahora
  • Es tiempo de que los palestinos e israelíes compartan una paz justa.
  • Es tiempo de liberarse de la ocupación.
  • Es tiempo de igualdad de derechos.
  • Es tiempo de sanar las almas heridas.

lunes, 14 de julio de 2014

La Iglesia de Inglaterra vota favor de las mujeres obispo

Dos años después del rechazo inicial, la Iglesia de Inglaterra ha dicho finalmente "sí" a las mujeres obispo. El sínodo anglicano, reunido desde hace dos días en York, ha resuelto finalmente el dilema y ha votado a favor con el triple apoyo de las altas jerarquías, de los clérigos y de los representantes laicos, cuyas resistencias tumbaron la iniciativa en el 2012. 

"Hoy es un día para la historia", dijo el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, en un último llamamiento al sínodo, que fue poco a poco inclinándose hacia "sí" gracias a las concesiones ofrecidas a los grupos tradicionalistas laicos (que tendrán derecho a pedir una alternativa masculina cuando una mujer sea puesta al frente de una diócesis).

Welby anticipó que la primera mujer-obispo podría ser ordenada en el mes de noviembre y vaticinó incluso que, cuando llegue el día, podría ceder el testigo a una "sucesora", como primera arzobispa de Canterbury.

El apoyo entre los propios obispos masculinos ha sido abrumador en la votación del sínodo: 37 a favor, dos en contra y una sola abstención. Entre los clérigos han existido más discrepancias: 162 a favor, 25 en contra y cuatro abstenciones. En el sector laico, el más resistente, la votación ha sido de 152 a favor, 45 en contra y 13 abstenciones.

El primer ministro David Cameron y todas las fuerzas políticas británicas han dado la bienvenida a una medida que introduce la igualdad de género en las altas jerarquías eclesiásticas, veinte años después de la ordenación de las primeras mujeres sacerdotes de la Iglesia Anglicana. El 74% de los británicos respalda la idea de que una mujer pueda ser obispo.

viernes, 11 de julio de 2014

Pablo y Teresa de Jesús

Teresa de Jesús decía: tengo «gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando quién es este gran Dios» y repetía, a menudo, que «querría dar voces» para decir a todos, algo de lo que había llegado a vivir y entender con Jesús. Pero también recordaba –y los varones que la rodeaban no le permitían olvidarlo– que san Pablo decía que las mujeres debían aprender en silencio y no enseñar.

Parecería inexplicable la química entre estos dos apóstoles, pues Teresa no calló ni dejó de enseñar lo que había comprendido. En vez de atarse a la letra de Pablo, ahondó en ella y no solo recurrió a su palabra infinidad de veces, sino que su sintonía llega mucho más lejos.

Ambos se sienten desbordados –indignos, dicen ellos– por el excesivo amor de Dios y por el servicio para el que los llama, pero no se apocan, se lanzan. Pablo se siente un indigno «servidor de Cristo» y Teresa querría ser «digna de servir en algo lo muy mucho que le debo [a Dios]». Y así, serán dos viajeros incansables, con un solo deseo: comunicar su experiencia de la buena noticia que es Jesús, para que otros crean.

Comparten otra experiencia fuerte: el descentramiento de sí, a causa de Cristo. Pierden importancia infinidad de cosas y pasan a segundo plano intereses que antes tenían. Pablo dijo a sus amigos de Filipos que todo lo consideraba basura en su vida comparado con el conocimiento de Cristo, y Teresa deja de «contentar(se) con cosas pocas». Le sucede como al apóstol, llega un momento en que siente que lo único que vale la pena es andar con Cristo.

Esto, unido al carácter apasionado que también compartían, les hizo luchar contra la fuerza de la gravedad de la vida. Se sentían «atados», mientras todo su deseo era volar, partir de este mundo para unirse plenamente con Cristo. Sin embargo, coincidirán en una decisión vital: prefieren seguir trabajando, con tal de que Cristo sea un poco más conocido y amado. Y se sienten bienaventurados en su opción. Teresa lo resumirá así: «Por su amor quiero vivir».

Eso no significará, para ninguno de los dos, la desafección a ningún nivel. Son profundamente entrañables y su energía interior se vuelca en cariño y preocupación hacia sus comunidades. Se puede ver a Pablo, en la carta a los Romanos, nombrando a infinidad de compañeros, no quiere olvidar a nadie. O diciendo, de nuevo a los amigos de Filipos, el amor que les tiene.

De Teresa, basta recordar lo que dice en Fundaciones: «En dejar las hijas y hermanas mías, cuando me iba de una parte a otra, yo os digo que, como yo las amo tanto, que no ha sido la más pequeña cruz, en especial cuando pensaba que no las había de tornar a ver».

De igual manera, su intimidad con Cristo les lleva a comprender que la santidad cristiana contiene una sabiduría profundamente humana. Pablo decía a sus hermanos de Colosas que fueran amables y simpáticos, que atendieran a cada quien según su modo de ser. Teresa explicaba a sus hermanas que tenían que ser «mientras más santas, más conversables… hemos de procurar: ser afables y agradar y contentar a las personas que tratamos».

Comparten incluso una veta irónica, aunque Teresa, en parte por necesidad, la usa más que él. Se puede ver a Pablo ironizar sobre quienes no trabajan pero tienen por ocupación curiosearlo todo, o sobre las discusiones de los corintios, si eran de Apolo, Pablo o Pedro, y les dirá: «¿Es que está dividido Cristo?».

Teresa se permite ironizar, precisamente, sobre el apóstol: «Todas hemos de procurar de ser predicadoras de obras, pues el Apóstol y nuestra inhabilidad nos quita que lo seamos en las palabras». A la vista está que no le faltó habilidad… ni se sujetó al apóstol.

Y casi le corrige, al hablar de la unión con Dios, de ese «amor tan dado a entender». Escribe: «San Pablo dice que no son dignos todos los trabajos del mundo de la gloria que esperamos; yo digo, que no son dignos ni pueden merecer una hora de esta satisfacción que aquí da Dios al alma, y gozo y deleite. No tiene comparación».

La experiencia que más les une es la del enamoramiento de Cristo. Teresa, a la sombra de Pablo, dirá: «No vivo yo ya sino que Vos, Criador mío, vivís en mí». Jesús se convierte en la propia vida. Pero antes, Pablo afirma que está crucificado con Cristo. Sabe que el Jesús que enamora es el que subió a la cruz. También lo reconoce Teresa, que mira las llagas de Jesús y comprende que ahí está «el camino de la verdad». Por eso, añade que el mayor regalo que puede hacer Dios es «darnos vida que sea imitando a la que vivió su Hijo tan amado».

Desde ese amor, se enfrentan los dos al escándalo que produce un Dios humanado y crucificado y evitan descarrilar en el espiritualismo. «No me harán confesar que es buen camino» dejar de lado la Humanidad de Jesús —decía Teresa.

Juntos transmiten un mensaje importante: lo que une es mucho más valioso que lo que separa. Pueden existir diferencias sociales, culturales o ideológicas, pero no tienen por qué enfrentar cuando algo más profundo se comparte. Lo que une es el amor a Cristo, razón del cristianismo y de la Iglesia. Y la única tarea cristiana es la que estos dos apóstoles inculcan: enamorarse y anunciar a Jesús, que sigue ofreciendo a todos vida.

Por Gema Juan OCD en Religión Digital

jueves, 10 de julio de 2014

¿Por qué es homófoba Protestante Digital?

En el editorial de la revista Protestante Digital: “De (homo)filias y (cristiano)fobias”, que bien podría haber escrito uno de mis alumnos de primero de ESO, vemos un pequeño avance en cuanto a la manera en la que los cristianos homófobos justifican su odio. Hasta hace muy poco sus posiciones eran apoyadas por la mayoría de la población, por eso les bastaba lanzar sus condenas contra las personas LGTB y esperar sentadas en su trono heteronormativo las respuestas de quienes se atrevían a contradecirles. Pero ahora la cosa ha cambiado, se han dado cuenta de que forman parte de una minoría que es percibida como extremista o incluso peligrosa por el resto, y por eso, son ellos ahora quienes tienen que justificarse. Son ellos quienes tienen que intentar sacarse la etiqueta con la que el resto les define: Homófobos.

Si nos saltamos las primeras absurdas preguntas del editorial, que seguro que quedará para la posteridad como documento de estudio, y con el que muchos cristianos y cristianas del futuro se reirán pensando lo ignorantes que éramos las cristianas y cristianos de principios del siglo XXI, llegamos a la pregunta: “¿por qué si entiendo como cristiano que la Biblia contempla el matrimonio como sólo entre un hombre y una mujer, y no entre dos personas del mismo sexo, soy homófobo?  Para quienes se estén riendo en este momento, tengo que decir que la pregunta está así mismo formulada en el editorial, y que incluso la negrita de cristiano no es un añadido mío.

Si empezamos por la negrita, tenemos que felicitarnos que tengan que aclarar lo de que son cristianos no sólo utilizando la palabra, como hasta ahora, sino que tengan que ponerla en negrita... supongo que para dar a entender que también hay otros cristianos que no son en negrita. ¿Es ésta la bienvenida a las personas LGTB al hecho de ser cristianos en Protestante Digital? ¿Somos por fin cristianos y cristianas aunque menos gordos y gordas y mucho menos importantes que los cristianos en negrita? Podría ser, que detalle más bonito, aunque que poco nos importa. A nosotros la bienvenida a la familia cristiana que compartimos con ellos y ellas nos la dio Jesucristo en el momento en el que decidimos seguirle. Y nos dio el nombre de cristianos y cristianas sin negrita, sin letra gorda y que resalte... nos dio ese nombre, igual que a ellos y ellas, para seguirle y anunciar un mensaje de liberación para todas las personas independientemente de nuestros prejuicios e ignorancias.

Pero ahora volvamos atrás, y centrémonos en el primer verbo de la pregunta: “entiendo”. Para quienes “entendemos” es un bonito detalle el esfuerzo por utilizar un lenguaje que podamos “entender”. Pero el avance no está aquí, los heterosexuales o personas que dicen ser heterosexuales de Protestante Digital, no “entienden”. El avance está en que hace sólo unos años no hubiese habido ningún verbo al empezar la pregunta, sería una cosa como: “la Biblia contempla el matrimonio sólo entre un hombre y una mujer....”. Tenemos que felicitarnos todas y todos los que trabajamos por la justicia y la inclusión, los homófobos de Protestante Digital ya empiezan a “entender” que su lectura de la Biblia no es la única posible, y que la suya es sólo una manera de “entenderla”. Ahora sólo nos hace falta saber donde han estudiado teología, o donde no lo han hecho, para saber porque la “entienden” así. Sólo hay que saber cuales son los principios que rigen las facultades donde han estudiado para comprender su homofobia. Sólo hace falta ver cómo son calificados esos centros educativos por las universidades más importantes de teología del mundo, y saber si alguno de los muchachotes o señoritas de Protestante Digital han estudiado allí.

Nos centramos ahora en otro engaño, en ese que dice que la Biblia sólo contempla el matrimonio entre un hombre y una mujer. Un engaño bastante cutre, porque cualquiera que haya hecho dos clases de escuela dominical cuando era pequeño sabrá que en la Biblia hay otros modelos familiares distintos de los que nacieron tras la revolución industrial (me refiero al de la familia nuclear: un hombre que trabaja fuera de casa, una mujer que lo hace dentro, y unos cuantos hijos e hijas). Por mucho que se quiera divinizar este modelo, es un error de base decir que la Biblia sólo contempla éste. Otra cosa, y esta imagino que difícil de entender para nuestras hermanas y hermanos de Protestante Digital, es si los modelos que la Biblia muestra son sólo el reflejo de unas circunstancias determinadas, o son de obligado cumplimiento. Para quienes tienen como maestros a los fariseos que aparecen en los evangelios, la pregunta sé que es absurda. Pero este artículo también lo leen otras personas.... Sólo añadir una cosa: El modelo de familia con el que los primeros cristianos intentaron entender la relación de Jesús con Dios, me refiero al modelo Padre-Hijo, no necesitó en ningún momento la figura de una mujer para dar por hecho que se está hablando de una familia. Es decir, las cristianas y cristianos de principios de nuestra era, fueron más flexibles a la hora de entender que es y que no es una familia.

Y me dejo para el final el principal engaño de la pregunta. En ella se nos dice que las mujeres y hombres de Protestante Digital no están a favor del matrimonio gay (se olvidan de que su homofobia no se reduce a este punto, les importa un bledo el sufrimiento que generan en miles de personas que nacen dentro de las familias a las que adoctrinan en la homofobia, o sus presiones políticas para que las personas LGTB no tengan ningún derecho). Y dicen que no están a favor del matrimonio gay porque es lo que entienden que dice la Biblia. ¡Mentira!, niego la mayor. Los muchachotes y señoritas de Protestante Digital no son gente abierta y tolerante, amante del diálogo y de la comunión con la diferencia, que un día abrieron la Biblia y se dieron cuenta de que ésta no les permitía posicionarse al lado de las personas LGTB, que tenían que oponerse a sus derechos y a que fueran felices. El camino siempre ha sido el contrario. Las personas que forman parte de Protestante Digital han mamado la homofobia desde que nacieron, les repugna la idea de ver a dos mujeres besándose o a dos hombres acariciándose... no soportan a un hombre subido en unos tacones o a una mujer con barba, no pueden entender a una familia de dos mujeres o dos hombres con o sin hijos. Y esta homofobia aprendida, después la reflejan en sus lecturas bíblicas, en su interpretación de la Biblia. Su homofobia es previa a la Biblia, lo único que hacen es intentar apoderarse de la Biblia, y de Dios, para justificar su homofobia y decir que es Dios mismo quien les obliga o anima a tenerla. Es lo de siempre... no es nuevo, no he descubierto nada que no se haya hecho ya. Ni siquiera en esto son originales. Pero claro, la homofobia no tiene nada de original, aunque el cristianismo si debería tenerlo para construir una sociedad más igualitaria para todos.

Sí, Protestante Digital es homófoba, al igual que las personas que siguen y apoyan sus planteamientos. Por eso como cristianas y cristianos, como hermanas y hermanos debemos llamarles al arrepentimiento. A que vuelvan al camino de fraternidad y amor al que nos llamó Jesús, y no al de odio, ruptura y separación en el que se han metido. Una persona cristiana si es homófoba se aleja del evangelio, y de Jesús. Él nos enseñó a caminar junto a hombres y mujeres diferentes a nosotros y con quienes jamás hubiésemos caminado si no es por la llamada de Jesús. Una llamada que sólo él hace a quien quiere y como quiere y que necesita del abandono de nuestros prejuicios e ignorancias para poder ser respondida.

La política que Protestante Digital está teniendo hacia las personas LGTB y las comunidades cristianas que les acompañan deja mucho que desear, y dista mucho de ser cristiana. Sólo hay que leer algunos de sus artículos para entender que la homofobia puede más que su fe en Jesús. Que la homofobia les está llevando a escribir una triste historia de tensión y enfrentamientos dentro de la familia protestante-evangélica del Estado Español. Es difícil saber en que Biblia o en que facultad teológica han aprendido que su comportamiento está siendo fiel al evangelio. Lo que sí es evidente es que cada día su homofobia les separa más de la práctica de Jesús. Sólo el arrepentimiento de su pecado puede ayudarles. Dios ama al homófobo, pero quiere terminar con su homofobia.

Por Carlos Osma en Homoprotestantes

miércoles, 2 de julio de 2014

Lo pequeño es hermoso: las ventajas de ser una iglesia minoritaria

A principios de los años setenta comenzó a difundirse entre nosotros lo que más tarde se dio en llamar ecologismo, mediante revistas como Integral, Alfalfa o manuales para convertirse en agricultor autosuficiente o para iniciarse en el neorruralismo. Recuperábamos con ello cierta tradición radicada en el naturismo que fue muy popular en los años 20 y 30, y con ello, una perspectiva de tono ácrata, que marcaba distancias con el industrialismo y el desarrollismo. En aquellos textos se hacía  a menudo mención de un autor, E. F. Schumacher, un economista alemán que en 1973 publicó “Lo pequeño es hermoso”, libro que se convertiría en una de las obras más influyentes publicadas después de la Segunda Guerra Mundial. En España lo publicó Editorial Blume, en 1977 y el título se convirtió en un verdadero lema para esa nueva actitud ecologista, junto con otro muy apreciado en el mismo estilo: “Piensa global, actúa local”.

Quizá Jesús se refería a ello cuando habló del grano de mostaza (aunque la parábola tiene, a mi entender, un alcance mucho más ambicioso y estremecedor, pero de eso ya hablaré otro día). Sí, lo pequeño es hermoso, pero… ¿tan pequeño? De repente me di cuenta: mi iglesia somos cuatro gatos. Caramba. Oiga, joven, sin faltar, ¿eh? No, si el gato es hermoso. Actualmente tengo dos gatos en casa pero he llegado a tener once (vivo en las afueras del pueblo, que conste). Es magnífico ser una iglesia de cuatro gatos, incluso podría afirmar llanamente que es estupendo ser una iglesia de gatos, punto. Miau. Amén.

Pues sí, ser una iglesia pequeña es hermoso. Pero no solo porque el concepto, a primera vista, aparece como romántico. Pequeño, manejable, mimoso, inofensivo, suave… Según como se mire. El hermano mosquito que ameniza nuestros atardeceres estivales aguijoneándonos a placer también es pequeño, minúsculo, el muy infame. Es que  lo pequeño es hermoso… y práctico. Me vino a la mente como un chispazo, al asociar el lema de Schumacher a nuestra reunión eclesial. La gente asocia el concepto “iglesia” a “institución”, “poder” (espiritual o temporal), “asamblea”, “organización”, “jerarquía”, “tradición”. Palabras grandes, que buscan confirmación en la atracción de masas en lugares públicos, en la influencia en las legislaciones de los países, en la definición de los cánones de la moral pública. Pero yo ahora, cuando pienso en “iglesia” me fijo en la otra cara de la hoja. ¿Qué pasa cuando esa iglesia es pequeña y minoritaria? Lo pequeño es práctico. Veamos por qué:

 LO PEQUEÑO ES PERCEPTIVO E INTUITIVO. Como lo pequeño es frágil y sensible, tiene igualmente la facultad de percibir inmediatamente lo que sucede a su alrededor y la de intuir lo que  puede suceder. Saber captar lo que está sucediendo es una virtud incomparable en tiempos de confusión. Esa capacidad de percepción es fundamental cuando la iglesia desea situarse en la realidad y actuar de manera consecuente. No tenemos grandes medios y por tanto no tenemos grandes obstáculos ni barreras que nos separen de la realidad humana de la que formamos parte. Así, podemos convertirnos en una “antena” sensible a los “signos de los tiempos”. Somos pequeños pero con orejas y ojos grandes para comprender, y brazos amplios para acoger. Lo pequeño es cercano y por tanto puede ser amigable.

LO PEQUEÑO ES UN ESPACIO ADECUADO PARA REFLEXIONAR Y ELABORAR.  Al ser pocos nos cuesta menos compartir ideas y experiencias. Podemos ir al encuentro de unos con otros sin formalismos e intercambiar elementos con rapidez. La facilidad de percibir e intuir desemboca en la facilidad para reflexionar y elaborar. No es necesario ser grande para ser sólido; la solidez depende de la capacidad no de crecer en tamaño sino en calidad. Tenemos todo lo que necesitamos para amasar la pasta de la fe y ponerla a hornear. No es el pequeño tamaño lo que puede dificultar nuestra comunicación interna sino otro tipo de barreras que nacen de los prejuicios. El espacio pequeño es ideal para que el corazón se mueva libremente en él.

LO PEQUEÑO ES ÁGIL, DINÁMICO Y FLEXIBLE. El tamaño reducido permite la agilidad de movimientos tanto para actuar como para reaccionar. La flexibilidad es la condición de la dinamicidad. Dinámico no es simplemente rápido –que podría serlo aun sin propósito–  sino ágil y certero en un entorno cambiante.  No hace falta ser grande para ser influyente; la capacidad de influir depende de la calidad resultante del amasamiento y horneamiento de nuestra fe y de la dinamicidad fruto de nuestra agilidad. Como somos pequeños llegamos antes a los sitios y accedemos con más facilidad a lugares recónditos donde es necesario intervenir. Y por eso podemos ser bien recibidos, atentos a las necesidades de nuestro prójimo, sensibles a su llamada y prestos a atenderla.

LO PEQUEÑO ES FUERTE SI ES COHERENTE, EQUILIBRADO Y ADAPTATIVO. La flexibilidad es la condición más sólida para la fortaleza. Lo flexible se inclina ante la fuerza que lo doblega para, una vez la fuerza cesa, recuperar su forma original. La capacidad de adaptación es la fuerza subyacente a la capacidad de evolución. La potencialidad de resurgir entre fuerzas opuestas se debe al equilibrio, y precisamente lo que busca la evolución adaptativa es el equilibrio, llamado homeostasis en los seres vivos, es decir, la búsqueda y obtención del funcionamiento equilibrado de las funciones vitales. La coherencia adaptativa equilibrada de los organismos es lo que hace de ellos seres vivos. El equilibrio es señal de madurez y condición imprescindible para el desarrollo y el crecimiento.

LO PEQUEÑO ES CLARO, SIGNIFICATIVO Y RELEVANTE. A menudo lo más grande no es lo que se ve con más facilidad. Una pequeña manchita en la camisa nueva es suficiente para arruinar el estreno. Lo pequeño se hace ver cuando es inesperado: destaca lo inusual, y lo inusual puede ser pertinente o impertinente. El cristianismo es, hoy, en nuestro mundo y en nuestras sociedades, un elemento impertinente por disruptor. Como lo fue su vocación desde los inicios, pues “fuego vine a traer al mundo, y qué quiero sino que arda”. La Cruz fue signo de escándalo para unos y absurdo para otros: lo sigue siendo y de ahí nuestro papel en el mundo. El escándalo de la Ley del Amor es insuperable por ningún otro signo, más que nunca, en nuestros días. El testimonio del Amor no conoce tamaños pues no es mensurable en términos cuantitativos. Y ahí cobra el significado de aquello de hacerse pequeños voluntariamente y para ser los últimos contados entre los primeros.

Lo pequeño, pues, es hermoso porque está hecho a la medida de lo humano. Y es práctico porque nos permite movernos en esa dimensión de humanidad próxima para convertirnos en elemento de humanización. Hay dos maneras de ser pequeño: una, porque no queda más remedio; otra, por razones de simplicidad voluntaria, concepto asociado también a ese estilo schumacheriano (antes llamado austeridad, palabra, que no concepto, desprestigiada últimamente por razones obvias). También hay una tercera, que consiste en ambas cosas juntas, y me temo que esa es la nuestra. Que seamos actualmente pequeños no obsta para poner en práctica nuestra voluntad de crecer; el aprendizaje de la simplicidad voluntaria nos sitúa en mejores condiciones para cuando crezcamos. El crecimiento de un organismo vivo es lento y se produce en el interior de ámbitos cálidos, que permiten la fermentación de la masa y la consolidación en su horneado.

La cuestión del tamaño, la importancia y la influencia, en cualquier caso, no es extraña al Evangelio. Ese asunto era, según he creído entender, una de las preocupaciones de los discípulos que no comprendían, al menos no todavía, la naturaleza y alcance del Reino de los Cielos propuesto por Jesús. Una lectura de esas preocupaciones en términos de importancia y preeminencia, preocupaciones mundanas y por tanto de poder y de ego, nos puede decir mucho no sólo de su mentalidad y de su tiempo, sino también de nuestra situación y de nuestras propias congojas: es un elemento consustancial a la naturaleza humana cuando esta se encuentra frente a frente con el escándalo de la Cruz. Les preocupaba el tamaño, igual que a  nosotros, y todo el empeño de Jesús al respecto era hacer que se diesen cuenta de que incluso en aquel escenario de hace dos mil años lo pequeño era también hermoso.  De lo “grande”, la afirmación de Jesús fue tajante: “No quedará piedra sobre piedra”. Y al darme cuenta de todo esto, salí de los locales de la Església de Crist, que ahora es mi parroquia, gritando en mi corazón: “¡Tengo Iglesia!”. Maravillosamente pequeña y magníficamente dispuesta para que la hagamos crecer.

Por Gabriel Jaraba

lunes, 30 de junio de 2014

La alegría de Dios

Nos cuesta mucho pensar en Dios como alegre. Nuestra imagen de Dios es seria, severa, jamás con sonrisa. Pero la Biblia nos habla del multifacético gozo de Dios, como Suprema Belleza e Infinita Alegría. Las escrituras hebreas emplean una variedad de términos para expresar esta alegría divina: Dios se deleita y se complace en nuestra consagración a su buena voluntad y nuestra práctica de la justicia (1Sm 15:22 HaQêFaZ; Sal 51:16-17; cf. Miq 6:7 YaY.RYâH). Según Isaías 62:5, “como un novio que se regocija por su novia, así tu Dios se regocijará por ti” (YiSîS). Dios se deleita en nuestro bienestar, lo que nos motiva a nosotros a lanzar gritos de alegría (Sal 35:27; cf. 95:1-2). Es un gozo mutuo, del que nos habla el Salmo 104:

    "Que la gloria de Yahvéh perdure eternamente;
    que Yahvéh se regocije en sus obras…
    Cantaré a Yahvéh toda mi vida,
    cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.
    Quiere él agradarse de mi meditación;
    yo, por mi parte, me alegro en Yahvéh"
(104:31-34; cf. 92:1-5).

¡Dios se goza disfrutando sus obras, y comparte ese gozo con nosotros!

Es más, Dios mismo se ríe de nuestras vanidades, sabiendo que son más comedia que tragedia (Sal 2:4; 37:13; 59:8; hebr SâJaQ). Dios se ríe y nos hace reír a nosotros con su finísimo sentido de humor (Gen 21:6; cf. Sal 52:6 SaJaQ; cf. Zac 9:15).Es sorprendente y significativo que uno de los tres patriarcas hebreos se llame “Risa”.El relato del nacimiento de Isaac está permeado de este verbo hebreo para “reírse”.Cuando Dios le anunció a Abraham que Sara iba a tener un hijo, él se rió al imaginar a su anciana esposa con barriga materna o dando de mamar (Gn 17:17). A continuación la misma Sara, que ya había dejado atrás la época de procreación, al escuchar esa misma noticia se rió, y después pretendió negarlo (18:12-15). Al nacer el niño, Sara exclamó, “Dios me ha hecho reír”, y a los demás a reír con ella (21:6). No cabe la menor duda: ¡Dios tiene un buen sentido de humor!

Este episodio tan humano y jocoso reaparece en el cuarto evangelio, nada menos que una evidencia de la deidad de Cristo: “Abraham, el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día, y lo vio y se alegró” (Jn 8:56). ¿Cómo pudo decir Jesús que Abraham vio su día y se alegró? ¿Por qué escoge este texto, precisamente el pasaje sobre el nacimiento de Isaac, y específicamente el tema de la risa? Los textos de Génesis no indican ningún conocimiento salvífico de parte de Abraham; la promesa era sólo que tendrían un hijo, una nación, y una tierra. Pero en ese loco proyecto de fe nació toda la historia de la salvación, y nació con gozo evangélico. Ese gozo lo compartieron Abraham y Sara, en todo el humor divino con que Dios los hizo reír.

Filon de Alejandría, pensador judío contemporáneo de Jesús (20 a.C. – 50 d.C.), enseñó que toda alegría humana es una participación en la alegría de Dios. Sobre Abraham, Filón describe su reírse como “resultado de una felicidad establecida y un regocijarse de la mente” (de Abr 202), que constituye “un sacrificio que la persona sabia ofrece como ofrenda a Dios”. Afirma también que “el regocijarse pertenece propiamente sólo a Dios”. Filón lo razona filosóficamente: sólo Dios está totalmente libre de dolor o temor, por lo que “la naturaleza de Dios… es la única naturaleza que posee completa felicidad y bendición” (ibid.). Así, sólo Dios puede alegrarse completa y perfectamente. En otro escrito, Filón describe “el reír del alma” aun cuando sufre, pues “sonríe en su mente porque un gozo grande y puro, sin mezcla, ha entrado en ella (Mut 154).

El teólogo contemporáneo que más ha profundizado en el tema de la alegría de Dios es Karl Barth, en su larga exposición de la gloria de Dios (Church Dogmatics II/1 640-677). Partiendo de la belleza de Dios como revelación de su gloria, Barth concluye que la alegría pertenece al mismo ser de Dios. Como bello que es, afirma Barth, “Dios actúa como aquel que da placer, crea deseo y lo premia con el goce de lo deseado” (651). “La gloria de Dios”, afirma Barth, “es el gozo propio e inherente de su ser divino, el que brilla desde él y rebosa en su riqueza” (647). Eso no es casualidad, pues Dios se revela así y actúa así, porque es así, porque es bello y deseable, lleno de goce. “El Dios atestiguado en las sagradas escrituras es el Dios que irradia gozo, y sin ese gozo no sería comprensible en su deidad y no sería quien es” (654). Además, todas las criaturas “tienen su ser y su existencia en el movimiento divino de la divina auto-glorificación en la transferencia a ellas de su inmanente alegría. Es su destino ofrecer en la esfera temporal una respuesta fiel aunque inadecuada al júbilo con que está repleto Dios desde la eternidad y hasta la eternidad” (648). Las criaturas estamos llamadas a “co-operar en el júbilo que rodea a Dios” (648). En una docena de páginas (646-657) Barth nos ofrece una reflexión muy profunda e inspiradora sobre la belleza y la alegría del ser de Dios como fuente suprema de la belleza y la alegría creadas. Domina el vocabulario de deseo, placer, gozo y felicidad. Ignorar esto, según Barth, es negar “el carácter radicalmente evangélico del mensaje bíblico” (654; cf. 655).

En la misma línea, Ronald Gregor Smith (Richardson 1951:117) afirma que “el gozo no es una consecuencia aislada u ocasional de la fe, sino una parte integral de toda la relación con Dios”. Citando a Filipenses 4:4, Romanos 14:17 y 15:12, Gregor Smith concluye que “la fuente de gozo en la vida de Dios hace que nuestro gozo sea no sólo un don derivado del gozo de Dios, sino también un anticipo del estado final”. En nuestro gozo, no sólo expresamos el gozo de Dios mismo, sino que también vivimos por adelantado el gozo eterno de nuestra salvación. Nuestro gozo es completo sólo en la plenitud de la presencia de Dios (Sal 16:11). “El gozo en la Biblia aparece consistentemente como una realidad escatológica que se hace presente proléptica y parcialmente en la vida humana como anticipo del reino de Dios” (ibid.).

De este origen divino nace una fuente inagotable de gozo. El pueblo de Israel celebraba las misericordias de Diosen la exuberante alegría de sus fiestas (cf. Sal 122:1). La consigna festiva era “te alegrarás delante de Yahvéh tu Dios…y tu alegría será completa” (Dt 16:11, 14,15). ¡Los hijos e hijas de Dios vivimos en fiesta permanente! De la Fiesta de Enramadas se comentaba, “Quien no ha visto la alegría de esta fiesta, nunca ha visto alegría en su vida” (Zorrilla 1981:54). “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Yahvéh iremos” (Sal 122:1). La consigna de nuestros cultos es, “Cantad alegres al Señor, habitantes de toda la tierra” (Sal 100:1). Nuestras celebraciones cristianas, como Navidad, Semana Santa, bautismo, eucaristía, renuevan la alegría de las hazañas salvíficas de Dios y también miran adelante hacia su reino definitivo.

La alegría bíblica a menudo se relaciona con la esperanza escatológica. A los perseguidos el Señor les exhorta, “Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo” (Mt 5:12). A los mayordomos fieles se les invita a entrar en el gozo de su señor (Mt 25:21,23). Sin haber visto a Jesús, los fieles “se alegran con un gozo indescriptible y glorioso” en la espera de su venida (1 P 1:7-8), anticipando con alegría ese encuentro (4:13). En el Apocalipsis “la idea de gozo se proyecta hacia adelante” (Richardson 1951:117). Apocalipsis 7 compara el cielo a la muy alegre fiesta de Enramadas (Cf. Stam 2003:149-151, “El cielo será una fiesta”). Aquí en Ap 18-19 Juan está celebrando con júbilo la futura derrota de Babilonia (Ap 18:20; 19:7; cf. 12:12). Bien comentan Mesters y Orofino (2003:317-318):

"Esta alegría tan grande nace del futuro y, a través de una lectura diferente de los hechos  penetra el presente, provocando el canto de las comunidades perseguidas. Aquí [en el canto] ellos verifican que no han sido engañados. La resistencia y la lucha de hoy son simiente de este futuro tan atrayente…

El Apocalipsis es uno de los libros más alegres de la Biblia. En su pobreza, los perseguidos viven una felicidad que los poderosos, en su riqueza, no consiguen entender ni poseer… Detrás del dolor de la persecución, los apocalípticos encuentran la certeza de estar en la mano de Dios. La alegría explosiona en cantos de loor y de acción de gracias".

Finalmente, esta teología de la alegría debe producir un teologizar también alegre. Nuevamente Karl Barth lo expresa elocuentemente:

"La teología en su totalidad, y en todas sus partes y en sus interconexiones, en su contenido y su método es… una ciencia peculiarmente bella.  De hecho, podemos decir con confianza que es la más bella de todas las ciencias.  Encontrarla desabrida es la marca del filisteo.  Es una forma extrema del filistinismo poder encontrar la teología desabrida.  El teólogo que no tiene gozo en su trabajo simplemente no es teólogo.  Caras malhumoradas, pensamientos adustos y estilos aburridos de hablar son intolerables en esta ciencia.  Que Dios nos libre de lo que la Iglesia Católica ha considerado uno de los siete pecados del monje – el taedium – ante las grandes verdades espirituales con las que la teología tiene que ver.  Pero tenemos que entender, por supuesto, que sólo Dios nos puede guardar de caer en ese tedio".
(II/1 p.656).

Así es como la teología del gozo inspira una inmensa alegría en todo el quehacer teológico. Ser llamados por Dios a la tarea teológica significa el indescriptible privilegio de “habitar en la casa de Yahvéh todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Yahvéh y recrearme en su templo” (Sal 27:4), ¡Y de alegrarme ante Dios y con Dios!

Por Juan Stam en Lupa Protestante

domingo, 29 de junio de 2014

No a la idolatría del dinero

El ateismo sistemático del siglo XIX y de comienzos del XX parece haber ido derivando hacia diversas formas de idolatría práctica. Son muchas las personas, también entre los cristianos, que aunque no lo confiesen rinden culto a los ídolos. Entre las diversas formas de idolatría moderna (poder, placer, consumo, cuerpo, deporte, ciencia y tecnologías, patria, partido político…) quizás la más extendida y grave es la idolatría del dinero, como señala el Papa Francisco en su exhortación La alegría del evangelio (n 55). Este es el nuevo becerro de oro (Ex 32,1-35) que se encarna en el fetichismo del dinero, en la dictadura de una economía sin rostro que antepone las financias a las necesidades humanas.

Esta es una vieja tentación. Ya antiguos poetas romanos criticaban el hambre del “sagrado dinero” y la carta a los Efesios dice que los codiciosos son como idólatras (Ef 5,5).

Y como todo ídolo, el dinero tiene sus santuarios, sus sacerdotes, sus  exigencias que llegan hasta los sacrificios humanos. ¿Qué son sino sacrificios humanos ofrecidos al ídolo del dios dinero las víctimas de la actual crisis financiera de países tradicionalmente ricos (desahucios, millones de personas y jóvenes sin trabajo…), las víctimas de las multinacionales en África, Asia y América Latina (hambre, mortalidad infantil, millones de  personas “sobrantes y descartadas”…), las víctimas de las guerras y del comercio de armas (muertes de inocentes, violencia, millones de desplazados y refugiados…), las víctimas de la explotación y trata de personas  (prostitución, venta de órganos, trabajos inhumanos), las víctimas de la falta de escuelas (analfabetismo…), las víctimas  del narcotráfico (drogadicción con todas sus perversas consecuencias…), la destrucción del medio ambiente sacrificado a intereses económicos, etc..? 

Los ídolos no permiten mirar a la realidad ni adherirse a valores humanos, se limitan a “lo que me favorece a mí”. 

Ante esta nueva forma de idolatría hay que recordar las palabras del Sermón de la montaña: “Nadie puede servir a dos señores, a Dios y al dinero” (Mt 6, 24), es decir, no se puede servir al Dios de la vida y al dios de la muerte. La economía ha de estar al servicio del bien común con una especial sensibilidad hacia los pobres, las finanzas han de orientarse por una ética en favor la persona que impida la desigualdad y remedie las desigualdades y la pobreza.

Si los cristianos no nos damos cuenta de esta situación, si no la denunciamos, si no nos oponemos a ella, si no actuamos en contra, caeremos en lo que Francisco llama la “mundanidad espiritual”, es decir, personas que bajo apariencia de bien y con prácticas espirituales, en el fondo son mundanas y adoradoras del dios dinero.

Para romper la atracción fetichista e idolátrica del dios dinero hemos de dejarnos interpelar y conmover por el clamor de las víctimas de este ídolo. A través del gemido de las víctimas humanas y también a través del gemido de la tierra, el Espíritu del Señor clama justicia.

Por Victor Codina en Redes Cristianas