domingo, 26 de octubre de 2014

sábado, 25 de octubre de 2014

Religión y sexualidad

“¿Sexualidad y religión forman buena pareja?”. Así se anunciaba un debate en el que participé el pasado mes de agosto en Larzac, bellísimo altiplano de Occitania (Francia), donde pastan miles de ovejas y se fabrica queso Roquefort.

Podría decirse, siguiendo con el símil, que sexualidad y religión se llevaron bien al principio, durante mucho tiempo, hasta que la segunda quiso someter a la primera. La sexualidad se sentía habitada por el Misterio Sagrado: la presencia del otro, el placer del encuentro, el milagro de la nueva vida que nace. Pero también se sentía rodeada de amenazas: no hay relación sin conflictos ni hay vida sin muerte.

El conflicto y la muerte son el precio de ese maravilloso invento de la Vida –maravillosa aventura– que es la sexualidad en orden a crear nuevas formas y especies de vida cada vez más complejas; las células que se multiplican reproduciéndose a sí mismas son inmortales, pero nunca pasan de ser perpetua repetición de lo mismo. Y la Vida busca novedad y evolución, pero también desea la difícil armonía de las partes, y no quiere ser devorada por la muerte. Así pues, como la vida misma, la sexualidad está rodeada de misterio y de peligros. Y ambos la llevaron a acercarse a la religión.

¿Y la religión? La religión fue “al principio” una fuente de aliento, más que un sistema religioso. Un ámbito sagrado de comunión, un horizonte de confianza, un camino amplio y libre para acceder a los bienes más excelsos que la Vida intuía en el fondo de su aventura sexual: la dicha de la relación y la plenitud de la vida sin fin. Cuando digo “al principio”, no me refiero a un tiempo, sino a la hondura de la Vida.

La religión fue infiel a sí misma: se olvidó de ser atención, cuidado, aliento, y se volvió sistema. Las religiones se volvieron fortalezas de poder patriarcal, guardianas del orden, autoritarias y celosas. Quisieron controlar la sexualidad y someterla a sus creencias y supersticiones, a sus normas y tabúes, y reducirla a simple función de la reproducción, mirando con recelo, cuando no condenando, todo placer sexual que no se orientara a la reproducción. “Entonces”, la sexualidad rompió con la religión y la expulsó de su casa –su templo de carne–. Y así es en nuestros días. Todavía hoy, cuando la sexualidad se ha liberado incluso de la función reproductiva, las religiones se empeñan por todos los medios en seguir ejerciendo el control sobre ella, pero ya no lo consiguen más que en reductos marginales de un mundo pasado. La sexualidad ha roto con los sistemas religiosos, porque los sistemas religiosos han roto con la vida.

En el debate de Larzac se proyectó primero el film israelí Kadosh. Narra la tragedia de dos hermanas del barrio judío ultraortodoxo de Jerusalén. La mayor, Rivka, está casada con Meir, y no tienen hijos; el rabino decide que la Torah obliga a Meir a repudiar a su esposa, dando por sentado que la esterilidad es cosa de la mujer y que una mujer estéril es un cántaro rajado, inútil. La pequeña, Milka, está enamorada de Jakob, pero es obligada a casarse con Joseph, un joven rabino. Dos mujeres rotas. Solo podrá sobrevivir la que se rebele contra ese orden religioso fundamentalista, asfixiante.

“Me ahogo”, dice Milka. Deja la familia, sale de Jerusalén. Al fondo se divisa la conocida vista panorámica: la explanada del antiguo templo judío, la Cúpula Dorada y la mezquita Al-Aksa, las torres de las basílicas cristianas. ¿Qué es, pues, realmente Kadosh, santo? Es aquello que permite respirar. Es el amor, con transgresión incluida.
¿Pero cómo es que las religiones han acabado queriendo someter la sexualidad hasta asfixiarla, declarándola impura? “Al principio” no fue así, sobre todo en las grandes religiones monoteístas.

¿No leemos en la Biblia judía el Cantar de los Cantares, tan bello y desinhibido y tan poco “religioso”? ¿No ha reconocido el cristianismo en el amor carnal un sacramento de “Dios”? ¿No han exaltado los poetas musulmanes el erotismo más refinado en los tonos más líricos?

Pero no basta con apelar a los orígenes o a los textos sagrados, pues en los orígenes de todas las grandes religiones y en sus textos sagrados están presentes también el machismo, la homofobia y la repulsa del sexo. Las religiones deben eliminar esos y otros residuos de un mundo pasado, aunque “esté escritos” en sus textos sagrados. Solo así podrán volver a su verdadero “origen”, inspirarse en la Vida e inspirar vida.

Por José Arregi en Redes Cristianas

viernes, 24 de octubre de 2014

Sobre la increíble historia de la intolerancia


Una vez más volvemos sobre el inmortal poema del pastor protestante alemán Martin Niëmoler:

Primero vinieron a buscar a los comunistas,
Pero no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron a por los judíos,
Y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron a por los sindicalistas,
Y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron a por los católicos,
Y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron a por mí,
Pero para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

Yo no soy ni comunista, ni judío, ni sindicalista, ni católico. Tampoco soy homosexual. Soy, como Niëmoler, protestante. Pero, por encima de cualquier otra cosa, me identifico como persona, dispuesto a renunciar a cualquier otro apellido que pretenda desvincularme del colectivo de personas con las que me cruzo por la calle, comparto plaza en el autobús, coincido en el super haciendo la compra o me congrego los domingos.

A lo largo de mi vida he sido, o he trabajado en muy diversos oficios: administrativo, pastor bautista, profesor, jefe de personal de una gran empresa, asesor de empresas, escritor y, por no hacer esta referencia excesivamente prolija,  he estado al frente de algunas entidades religiosas, entre otras, como secretario ejecutivo y presidente del Consejo Evangélico de Madrid (CEM) durante un buen número de años, a título absolutamente honorífico, en lo que a salarios se refiere.

Hecha esta necesaria presentación para saber en que terreno nos movemos, quiero dejar constancia de mi total repudio a que entidades como el CEM, un organismo de configuración no eclesial sino administrativa, creado para representar y gestionar ante la Administración al amplio espectro de las iglesias protestantes, haya derivado su gestión hacia derroteros en los que jamás pensé que pudiera caer.

Hablamos de una entidad que fue promovida por la federación que aglutina a todo el protestantismo español, en su base original formada por iglesias históricas, como la IERE, la IEE, la UEBE, las Asambleas de Hermanos y otras que se habían ido añadiendo con el paso del tiempo, mostrando de esa forma su pluralidad y vocación integradora; un organismo que tuvo el arrojo de afrontar una crisis interna por reiterar su identidad abierta, admitiendo en su seno a las iglesias adventistas, cuando los radicales de siempre se oponían frontalmente (incluso a costa de sufrir la baja de alguno de ellos); un cuerpo federativo que no ha mostrado reparo en admitir como miembros con pleno derecho a congregaciones fronterizas identificadas con exorcismos y prácticas eclesiales extremas, muy distantes de la ortodoxia histórica protestante; un cuerpo no eclesial, repetimos, sino administrativo y de gestión, que en el único congreso que ha celebrado tuvo la sensibilidad de unir en su lema, con clara intencionalidad integradora, los términos evangélico y protestante, para que nadie se sintiera excluido.

Pues bien, esta entidad, organismo, federación o ente representativo de iglesias, que no iglesia, ha invadido la esfera de las iglesias que la integran para definir, como si de un concilio se tratara, aspectos de fe y práctica, con la no confesada intencionalidad de expulsar de su seno a quienes no se identifican con la ortodoxia radical y sectaria de algunos de sus dirigentes que, a juzgar por lo acordado, deben ser mayoría.  En este caso su campo de batalla se ha centrado en la doctrina de la Trinidad (tema que a los padres de la Iglesia les costó algunos siglos definir) y con las iglesias que asumiendo el mandato evangélico de no hacer acepción de personas, admiten con pleno derecho en sus congregaciones a quienes se manifiestan como homosexuales. “¿Quién soy yo para juzgarlos?”, respondió el papa Francisco a un grupo de periodistas que le pusieron en el aprieto de hacer juicio sobre los gays. Pero los ultraortodoxos evangélicos que se avergüenzan de ser conocidos como protestantes, sí se sienten capaces de hacerlo, aunque sea en ámbitos impropios.

Las iglesias, cada una de ellas, están en su derecho de elaborar la doctrina y las prácticas inclusivas o excluyentes que consideren oportunas y que afecten a su propia congregación, denominación o confesión religiosa, pero una federación como es el CEM no tiene ningún derecho a hacerlo, al margen de la opinión que sobre el tema pudiera tener el papa Francisco o el que esto escribe. Hoy lo hacen en torno a un tema de gran enjundia teológica o sobre un asunto de moral que, como su propia raíz indica, mor- moris, es, o puede ser, algo cambiante; mañana lo harán por la forma en la que se practica el bautismo y si ha de ser de infantes o de adultos, o como se administra y qué sentido tiene la santa cena, o a causa de la forma en que se gestiona una iglesia, o por no aceptar o aceptar determinadas formas de bautismo del Espíritu Santo, o por ser o dejar de ser de orientación carismática, etcétera, etcétera.

Siempre podemos decir: no pasa nada. Yo estoy en una iglesia ortodoxa, que no se sale de los cauces conservadores. Yo estoy seguro. Pero lo único seguro es que, ante el silencio de quienes deberían elevar un grito de rabia y rebelarse contra los fanatismos excluyentes, ninguno de nosotros estamos realmente seguros.

Por Máximo García Ruiz en Lupa Protestante

domingo, 19 de octubre de 2014

El silencio de Dios

El silencio es el vacío que posibilita lo pleno. Todo lo lleno anhela el vacío para no quedar saturado de sí mismo. El silencio de los sentidos, de los deseos, de la mente El silencio que nos devuelve el estado prístino de ser, de simplemente ser en el Ser. (Javier Melloni)

En la conocida oración del Getsemaní (Mc 14.32-36), Jesús pone en evidencia sus mas hondos sentimientos. Angustia y tristeza de muerte. Es desde allí que pide al Padre (al Abba, al “papito”) que le haga pasar esa copa de inigualable sufrimiento. En este hecho hay dos cosas a resaltar. Primero, el mismo hijo de Dios muestra lo más profundo de sí, siendo transparente con aquello que le aquejaba. Pero en segundo lugar, llama la atención el silencio del Padre. Jesús nunca recibió respuesta. Por eso exclamará un tiempo más tarde, tendido en la cruz: Elohi, Elohi,lĕma’ šĕbaqtani (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Mt 27.46)

Existen muchas historias en el texto bíblico que muestran el silencio de Dios ante diversas circunstancias o decisiones. La tendencia generalizada es vincular esta acción divina con momentos de sufrimiento. Es en esas situaciones donde se pide la intervención divina para poder encontrar la solución ante la desdicha. Y con ello –como lo muestra la ya popular imagen en películas y representaciones varias- el clamor por la explicación: “¡¿por qué?!”

Deseo detenerme en esta última pregunta. ¿Por qué los “porqués” aparecen en momentos de desesperación y sufrimiento? ¿Es acaso solo un clamor de exasperación? Creo que dicho interrogante refleja algo aún más profundo, parte de nuestra finitud humana: los porqués devienen de la falta de control sobre una situación. Reflejan nuestra carencia de omnipotencia. Explicar una situación, su origen, sus características, sus funcionamientos, sus propósitos, nos permiten dominarla. Por ello, la falta de explicación y conocimiento implican carencia de control.

De aquí podríamos comprender el tema del silencio en Dios desde otro ángulo: éste no se manifiesta sólo en momentos de sufrimiento sino que es algo constitutivo del ser.

Vivimos en un tiempo de saturación: aturdidos por la inabordable información en internet, redes sociales y portales de noticias; por una agenda cargada de actividades y trabajo; por una multitud de expectativas impuestas por otros sobre nuestras espaldas, para alcanzar resultados, estatus y poder. El silencio no encuentra lugar. El silencio es pérdida de tiempo. El silencio nos desenfoca de una meta que debemos cumplir, aunque nunca la pedimos ni buscamos.

¿Por qué esta resistencia al silencio? Precisamente porque, muchas veces, paradójicamente, el silencio aturde. Cuando las voces que saturan de afuera se callan, emerge ese vacío que nos permite ver, sentir y oír más allá. Surgen las voces de lo profundo, que manifiestan nuestras inquietudes, deseos, preguntas y más hondas dudas. El silencio implica darse lugar para cambiar, para moverse. Y ello es, precisamente, una de las cosas más tenebrosas de la vida. Mejor seguir aturdido, para no dar lugar a lo desconocido.

El silencio implica reconocer que no lo sabemos todo, y por ello no tenemos el control sobre las cosas que acontecen. Nada más desesperante que dar cuenta de nuestra finitud. Que las sendas, caminos y opciones que nos representan -aunque llenas de palabras, formas y explicaciones- pueden ser distintas. Ningún murmullo puede acabar con el silencio necesario para hablar otras cosas y escuchar lo desconocido.

El silencio es parte constitutiva de Dios, quien no da explicaciones de todas las cosas. Ni siquiera podemos conocer lo divino en su plenitud, ya que no da cuenta de todo lo que sucede en la historia. Siempre se presenta como paradoja.

Dios es logos (palabra) Pero para que haya logos, primero hubo kenosis(“vaciamiento”, Fil 2.7)

Esta kenosis da lugar a nuevas enunciaciones. Primero, en ese encuentro paradójico con lo divino en la finitud de la historia nos permite “darle palabras”, como en el encuentro de los discípulos de Juan el Bautista con Jesús al preguntarle: “¿eres tú al que estamos esperando?”, a lo cual éste responde: vean y cuenten (Mt 11.1-6) Jesús pudo haber contestado directamente, pero decidió no hacerlo sino dar lugar al apalabrar de los mismos discípulos.

El silencio da lugar a conocer a Dios, y en ese apalabramiento de lo divino nos apalabramos a nosotros/as mismos/as.

Por otro lado, el silencio posibilita conocer a Dios de diversas formas. Esto significa que silencio es equivalente a misterio. La dimensión mistagógica de lo divino, lejos de hacerlo un ente abstracto y lejano, abre la puerta para que, desde ese silencio inherente a la plenitud de su Ser, podamos conocerle de las formas más inesperadas y coloridas. Como bellamente lo dijo la Madre Teresa:

A Dios no lo podemos encontrar en medio del ruido y la agitación. La naturaleza, los árboles, las flores y la hierba crecen en silencio; las estrellas, la luna y el sol se mueven en silencio… Es necesario el silencio del corazón para poder oír a Dios en todas partes, en la puerta que se cierra, en la persona que nos necesita, en los pájaros que cantan, en las flores, en los animales.

Aprendamos a vivir la vida en este silencio que acalla las voces que aturden en su espectáculo, para dejarnos llevar por los susurros de los bellos detalles que inundan nuestro alrededor, y que aún desconocemos (¡y que llevaremos toda la vida descubriendo!)

Vivir en el silencio es aprender que todo puede ser distinto, que siempre hay algo nuevo por experimentar, aprender y poner en diversas voces. Las palabras ponen fronteras. El silencio abre el espacio hacia horizontes aún desconocidos.

Vivir en silencio es aprender a ser humildes al reconocer que no tenemos la comprensión total de las cosas. Por ello, el silencio es una instancia de deconstrucción de aquello que se presenta como único, acabado y absoluto. Las palabras que aturden no permiten ver más allá. La humildad del silencio nos abre a lo diferente.

Vivir en silencio es aprender a vivir en comunidad, ya que el silencio representa ese espacio de desconocimiento que me permite acercarme a mi prójimo, para descubrirle y descubrirme con él/ella en esa presencia compartida.

Vivir en silencio implica amarnos a nosotros/as  mismos/as, al escuchar aquellas voces en nuestra profundidad que nos inquietan, nos desafían y nos asustan, sabiendo que tenemos una historia y que poco a poco la seguimos construyendo, sin saber por completo lo que viene sino tanteando y probando, pero siempre avanzando según los leves susurros nos indiquen.

Por Nicolás Panotto en Lupa Protestante

martes, 14 de octubre de 2014

El Consejo Evangélico de Madrid no sigue las enseñanzas de Jesús. Entrevista con la pastora Esther Ruiz de Miguel

Esther Ruiz es pastora de la Iglesia Evangélica Española (IEE), concretamente de la Iglesia de Cristo en Madrid. ¿Cuándo se fundó esta iglesia y desde cuando forma parte del Consejo Evangélico de Madrid (CEM)? 

La Iglesia de Cristo en Madrid se fundó en 1912 y fue uno de los miembros fundadores del CEM. 

Según su página Web el CEM se fundó en 1993 para promover la comunión cristiana y la unión de las Iglesias Evangélicas e instituciones de confesionalidad protestante en la Comunidad de Madrid. ¿Crees que esta sigue siendo su función hoy en día? 

No, en absoluto, según lo que yo he podido ver, hoy no sigue las enseñanzas de Jesús, ni los principios de la no discriminación, ni de la libertad religiosa que está reconocida en nuestra Constitución y leyes. Hoy el CEM no tiene nada que ver con los propios estatutos sobre cuál es su función principal. Imagínate que de las 400 iglesias que pertenecen al CEM, 48 miembros fueron con una idea común de apoyo a esos dos anexos a esa asamblea extraordinaria. 

Te refieres a los dos puntos que el CEM aprobó el pasado siete de octubre para ser incluidos en su Reglamento de Régimen Interno en una Asamblea extraordinaria. Uno de ellos el que dice que no aprueba ni apoya las relaciones sexuales que no sean entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio. ¿No crees que el CEM se extralimita en sus funciones?¿Se creó para esto? 

Claro que no se creó para esto, yo creo que el sector más conservador ha tomado el CEM como si fuera suyo, y faltan al respeto al resto. No puede ignorarse que hay otras interpretaciones de la Biblia, ni se debe cerrar un organismo federativo de manera fundamentalista. El CEM no es una Iglesia, sólo da testimonio de lo que todas juntas confiesan. No saben nada de pluralidad, ni de comunión cristiana, ni de fraternidad. Pero sí saben de imposiciones. 

Por tus respuestas entiendo que el CEM no es la casa común de las iglesias protestantes. Según tu percepción, una institución que nació para representar a los protestantes de Madrid se ha convertido en un lugar que pretende uniformizar e imponer el fundamentalismo. ¿Crees que se está intentando expulsar a las iglesias de la IEE de esta institución? ¿Es algo que se ha hecho conscientemente? 

Sí, creo que se está intentando expulsar a la IEE del CEM porque entienden que nosotros no tenemos la misma línea que ellos y lógicamente saben que no nos van a imponer nada. Van diciendo que la IEE es una iglesia inclusiva sin dejarnos apenas expresarnos.

En la IEE hay personas que creen en una iglesia inclusiva y personas que no creen que la iglesia deba ser inclusiva, pero mantenemos el diálogo y el respeto. Además, no se si te has dado cuenta de que el voto era secreto y se han permitido concluir y hacer público que esos cuatro votos en contra eran de la IEE sin que nada lo pruebe, saltándose el más mínimo rigor democrático. Nada más terminar la asamblea se dedicaron a difundir la noticia. Lo que más me molestó fue ver al principal inquisidor, sentado en la primera fila y observando.

Por su puesto que lo que ha ocurrido ha sido premeditado. Ya llevaban tras la IEE varios años, pero nuestra participación en una celebración con Santa Cena en marzo de este año, fue el punto que provocó esta asamblea con la redacción de este anexo en el régimen interno del CEM. 

¿Qué te hubiera gustado explicar en la asamblea respecto a la forma en la que la IEE está abordando la pastoral de las personas LGTB? 

Algunas iglesias de la IEE, y una parte importante de la membresía de la IEE, no está de acuerdo con la iglesia inclusiva. Otras están totalmente a favor y defienden que esto no debería ni cuestionarse. Lo lógico es ir adelante juntos, en la enseñanza, en el acompañamiento mutuo y en la luchar y la búsqueda para llegar a ser una Iglesia que viva en el respeto.

El Sínodo de la IEE ha recomendado el trabajo bíblico y teológico para avanzar en el consenso y conocer mejor los unos la posición de los otros. En muchas iglesias se ha vivido la diversidad como una fuente exclusiva de división, nosotros hemos elegido abordar la cuestión desde la perspectiva pastoral, en el cuidado de las personas; y eso empieza por nuestra capacidad de diálogo. 

Cuando hablamos de homosexualidad muchas veces nos centramos en las tensiones y enfrentamientos. Pero, ¿puedes hablarnos de tu experiencia con protestantes LGTB a quienes conoces? Después de la asamblea del otro día, ¿entiendes mejor la situación por la que han tenido que pasar? 

Conozco personas tanto fuera como dentro de la IEE que son protestantes y del colectivo LGTB, y me cuesta hablar o decir algo como experiencia diferente a los que son heterosexuales. Para mí, la relación personal y la experiencia de fe no tiene que ver con el sexo, sino con la persona. Yo miro más la belleza de la amistad o el amor hacia todos. Además Jesús no habló al sexo, habló a las personas.

Después de la experiencia en la asamblea del CEM, pienso que lo que hemos vivido ha sido la discriminación como iglesia plural. No es nuevo que personas que defienden creer en el amor de Dios no acepten la verdad de los demás, ya tenemos experiencia de quienes se atribuyen ser la iglesia verdadera. He sentido una actitud de desprecio y entiendo a las personas a las que les hacen pasar por esa desagradable experiencia. Para nosotros siempre ha sido preocupante el sufrimiento de los excluidos, sean del tipo que sean. 

¿Y ahora qué? Si el CEM no quiere seguir el ejemplo de la IEE de mantener en su seno a iglesias con diferente sensibilidad respecto a la aceptación de las personas LGTB en sus comunidades: ¿Qué pueden hacer las iglesias de la IEE? ¿Están obligadas a acatar el reglamento para no ser expulsadas? 

Bueno, pues lo que nos han demostrado las iglesias que asistieron a esa asamblea, es que a la IEE no nos quieren tal como somos. Lo cierto es que esto tampoco es nuevo, nunca han aceptado nuestro ecumenismo ni nuestra perspectiva teológica. ¿Qué pintamos ahí, si ese no es nuestro sitio? Dios no hace acepción de personas y todos somos sus hijos. Para nosotros lo que es muy grave es que si se excluye a alguno como hijo de Dios, nos están excluyendo a los demás. Pienso que en esta manera de entender el CEM, como “Iglesia verdadera” y una “Conferencia Episcopal” inapelable, no tiene cabida la IEE.

Por el momento lo que si vamos a hacer es una nota de prensa aclaratoria en la que explicaremos el por qué no aceptamos ese tipo de enmiendas. Las iglesias de la IEE se van a reunir para decidir una postura común y actuar según el mejor testimonio de Jesucristo y de nuestra solidaridad con los excluidos. 

¿No crees que la FEREDE debería mediar en todo esto? 

Pues claro que sí, estoy segura que ya no les queda mucho tiempo para seguir mirando hacia otro lado. De aquí a nada tendrán que definirse. 

¿Crees que su posición será otra? 

Hasta ahora ha sido otra. Por ejemplo respecto del reconocimiento en el código civil del matrimonio entre personas del mismo sexo. En aquel momento se declaró la postura mayoritaria, pero no se modificó la normativa para hacerla excluyente. Lo que nos han manifestado es que la FEREDE tiene muy claro su carácter federativo y que no es una súper iglesia. 

¿No ves posible crear otro tipo de instituciones formadas por iglesias que no estén envenenadas de fundamentalismo? En otros países las iglesias históricas como la IEE, no se relacionan con el Estado junto a las iglesias de corte fundamentalista. ¿Hay alguna posibilidad de crear una Federación de Iglesias Protestantes? ¿Sólo queda acatar o ir por libre? 

Desde luego acatar no, e ir por libre tampoco. Aunque prefiero ir por libre si fuese necesario. Después de este episodio, creo que deberíamos plantearnos como seguir. Respecto a lo de hacer una Federación de Iglesias Protestantes habría que ver como hacerlo. Creo que se podría hacer. 

¿Descartas la posibilidad de tomar acciones legales contra el CEM? Es difícil entender que una institución que recibe subvenciones de un Gobierno que está por la igualdad de todas y todos, ponga en su reglamento una cláusula de contenido homófobo tan explícito. 

A pesar de todo, no lo descarto. Lo que ha ocurrido es intolerable. 

Esther, muchas gracias por acceder a realizar esta entrevista y por contarnos de primera mano lo que ocurrió en la última Asamblea del CEM. Y muchas gracias por defender una Iglesia que es para todas y todos los que quieren seguir a Jesús desde lo que son, y no desde lo que les pretenden imponer. 

Por Carlos Osma para Homoprotestantes

viernes, 10 de octubre de 2014

La fuerza de la comunidad en medio de la individualidad

La sociedad se encuentra envuelta en una atmósfera de soledad e individualidad incluso a pesar de que su población es cada día más elevada. Sin embargo, cada uno va a lo suyo, en lo particular, nos enfrentamos con una frialdad social. Una de las razones del deterioro de la sociedad, de la violencia del mundo, de la destrucción de la naturaleza, es que no existe un verdadero compromiso de los habitantes del planeta con el cambio de esta situación, cada cual asume que algún otro se hará responsable de lo que, por deber y por derecho me toca hacer a mí. El individualismo y la arrogancia nos colman; las cosas más elementales, como unos buenos días, unas buenas tardes, o unas buenas noches, o pedir un favor, se han perdido de nuestro lenguaje, ya están en vía de extinción; pasamos atropellando a la gente sin pedirle permiso. Vivimos en un mundo muy poblado y, al mismo tiempo, muy indiferente.

Esta individualidad ha invadido todas las esferas de la vida, incluso la eclesial. Escuchamos en muchas de las emisoras y canales cristianos el discurso de que mi relación con Dios es individual, igual que la salvación. La urgencia de muchos líderes cristianos es llenar las comunidades de fe, y la relación entre los hermanos empieza a perderse, a deteriorarse. En la iglesia cada uno va a lo suyo en esa “relación individual con Dios”, y se olvida de que somos una asamblea y de que los problemas del hermano también son los míos. Es interesante observar en las librerías cristianas métodos de iglesia-crecimiento, es decir de cómo poder hacer crecer rápidamente la membresía. Curioso afán, aunque es difícil encontrar libros que le enseñen a los líderes cristianos, pastores de estas grandes iglesias cómo potenciar la idea y la práctica del sentido de comunidad en las mega-iglesia, por ejemplo.

El texto de Mateo 18,19-20 nos invita a retomar la práctica de ser comunidad.  Es un texto enriquecedor porque nos permite comprender que la comunidad de fe, cuando se compromete en los procesos sociales y eclesiales, posee un poder explosivo (dunamis) que sería interesante que volviéramos a mirar y a no dejar de practicar.

El texto, en un principio, nos invita a reflexionar desde dos perspectivas:

Comienza con la siguiente frase: “si dos personas…”, una idea de colectividad, no de individualidad; es la manera en la que la Biblia nos quiere expresar el sentir de la comunidad, de la cooperación, de la ayuda mutua. Por naturaleza, el ser humano vive en comunidad. y gracias a ella ha subsistido desde la antigüedad. Jesús nos recuerda, de alguna manera, este principio.

a) [Yo estoy en medio de ellos] (vs.20). Para las culturas de oriente medio la cuestión de la presencia era mucho más amplia y compleja que la nuestra.  La presencia de “eso”, que podía ser físico o etéreo, tenía que ver con la continuidad de sus ideas, anhelos, sentimientos y prácticas del que se hace presente; en pocas palabras, no solo era una cuestión física, sino también espiritual, se trataba de su esencia misma, la totalidad de su ser  la que también se hacía presente. Sólo cuando dos o más se reúnen, Jesús se hace presente. Es decir, se activa en la comunidad (dos o tres) el  compromiso de Jesús por la vida, el respeto por la dignidad humana, el amor al prójimo y su compromiso social (dando de comer al hambriento y agua al sediento). Esa es la obligación de la comunidad, la presencia de los ideales de Jesús en un mundo necesitado del  mensaje del evangelio y de su práctica, y que se sienta en la comunidad de fe y en la sociedad. La ekklesía de Dios, principio de la comunidad paulina, tuvo un impactó importante en su cultura, y las razones, entre otras, pueden ser las siguientes:

  • Las personas se amaban, compartían sus vidas sin que importara si eran griegos, romanos, libres, esclavos, hombres, mujeres, todos eran uno en Cristo.
  • Se ayudaban entre sí, se sostenían unas a otras; las más ricas económicamente, proveían a las más débiles y a los misioneros que llevaban el evangelio. Resultaba ser una red interesante.
  • Las viudas y huérfanos eran acogidos y ayudados. Las niñas y los niños ya no eran violados en los caminos y en las ciudades, y mucho menos esclavizados: eran sostenidos por la iglesia. Si analizamos lo dicho, nos encontramos ante un concepto nuevo de sociedad para la época, lo que supone una nueva comprensión de la presencia de Jesús en la comunidad de fe.

Lastimosamente hoy existen muchas iglesias que carecen del sentido de comunidad, no son verdaderas comunidades donde los problemas de mi hermano son mis problemas y su necesidad es mi necesidad, base del concepto de amor al prójimo, la empatía. Muchos llegan y se van de allí después de escuchar un mensaje bonito pero no se conocen, no comparten y eso no es el sentido de la asamblea, pues la ekklesia es la comunidad, la asamblea que comparte.

b) El segundo aspecto a analizar está en el versículo 19, sigue la misma frase: “si dos…”, nuevamente es un principio de comunidad. Este versículo usualmente se ha utilizado para hablar de los milagros, de esos que son sobrenaturales, donde dos se ponen de acuerdo para que ocurra algo. Sin embargo, el versículo 19 es mucho más profundo nos revela del poder de la comunidad para hacer que las cosas puedan suceder, que los milagros ocurran. Es interesante cuando la comunidad de fe, tiene una visión clara, pues si toda ella se direcciona en la búsqueda de esa visión entonces ocurrirá el milagro, la materialización de esa visión.

Si la iglesia dirige sus esfuerzos a propiciar algún objetivo, sea compra de inmuebles o muebles, ayuda humanitaria, participación política y social, etc., ocurrirá el milagro; pero cuando la iglesia, la comunidad de fe no tiene unidad no se puede hacer nada. He encontrado comunidades de muchos años y he visto pastores un poco frustrados porque sus comunidades no han logrado desarrollarse, no bendicen, no poseen incidencia social, porque no han logrado que la iglesia entienda que es una comunidad de amor, de fe en Cristo Jesús y que a partir de la unidad que él nos permite pueden suceder milagros extraordinarios en la vida de la iglesia. Es decir, los proyectos por más difíciles que parezcan, esos que nacen en el interior de la iglesia que entiende verdaderamente qué es ser comunidad, pueden consolidarse, hacerse viables.  Desgraciadamente muchas veces aquellos anhelos como justicia, vista a los ciegos, pan, entre otros han tomado otro rumbo ideológico, como ya lo diría Samuel Silva Gotay “El pan, la justicia y la liberación han perdido su materialidad y su realidad, a tal punto que la prédica sobre su promesa sólo sirve para domesticar las masas y resignarlas a la espera de estas promesas en otro mundo, después de la muerte, para que soporten y mantengan las condiciones existentes en la tierra tal y como están” (Silva, 1981). De alguna manera, la iglesia debe rescatar la utopía, el sueño de Dios, y demostrar que estos “milagros” son posibles aquí y ahora.

En la gran mayoría de las organizaciones sociales suele darse el principio de vivir en comunidad. Cada una, desde su misión, procura que sus ideales se consoliden y se materialicen; sus miembros luchan mancomunadamente para que los ideales crezcan y se reproduzcan, para que la utopía sea una realidad, es la esperanza de la comunidad. Es interesante cuando nos encontramos con estos miembros luchando contra corriente, aún en medio de la persecución de los gobiernos o de manos inescrupulosas, como en Colombia (paramilitares), que siempre atentan en contra de los nobles ideales de aquellos que levantan su voz profética en contra de las injusticias a las que son sometidos la mayoría de los habitantes de nuestros países. Estos grupos sociales revelan la fuerza de resistencia de los pueblos, como diría Leonardo Boff: “La fuerza de su resistencia y de liberación del pueblo es proporcional a su capacidad de unión de las comunidades entre sí y de su articulación con los movimientos populares” (Boff, 1986).

La iglesia que se reúne para vivir su fe, para hacerla práctica comprende y hace vivo su compromiso cristiano desde esa vocación social que posee (Boff, 1986). Sólo cuando entiende qué es ser comunidad se activa su voz profética, porque comprende que el sufrimiento de unos es el sufrimiento de todos, y participa en propuestas de cambio social y político. Todos somos reflejo de Jesús, y nos alimentamos de su presencia y dirección en la comunidad para salir y llevar el mensaje y hacerlo práctico para el bienestar de los menos favorecidos. Esa es la utopía, nuestra esperanza: hacer viva la presencia de Jesús entre aquellos que tienen sed de justicia, entre los que lloran y gimen deseando que Dios irrumpa en este sistema económico mezquino que ha penetrado incluso en la iglesia, porque entiende que la individualidad le resta poder a la comunidad. Sólo con una iglesia comprometida por aquellos que tienen menos, por los que sufren, será posible el milagro de Dios: hacer que las cosas que no son, sean en un mundo que desea vida, y esa que es plena, que tendrá como fin permitir relaciones humanas de verdad y no interesadas ni mezquinas.

Por Hary Cantillo en Lupa Protestante

jueves, 9 de octubre de 2014

Nuevo revés homofobo del Consejo Evangélico de Madrid

El pasado martes 7 de octubre tuvo lugar una Asamblea extraordinaria del Consejo Evangélico de Madrid (CEM) en la que aprobó para incluir en su Reglamento de Régimen Interno (RRI), definir su postura respecto al matrimonio y las relaciones homosexuales.

Dicho asunto surgió ante el préstamo por parte de la Iglesia Evangélica Española (IEE) de un espacio para el culto a la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) dentro de las instalaciones del templo de la Iglesia de El Salvador de Madrid. Dicha comunidad inclusiva es  favorables a una ética que acepte plenamente en la iglesia a las personas homosexuales.

La Iglesia de El Salvador practica la hospitalidad eclesial con una iglesia hermana que no tiene, un lugar propio para celebrar, parece ser que la intención del CEM, es cuestionar entonces si esas iglesias de la IEE deben o no seguir siendo miembros de dicho consejo, dado que en los últimos tiempos dicho organismo asociativo se ha apropiado del derecho de dirigir y legislar acerca de las cuestiones éticas y morales de cada iglesia.

De los 400 miembros que tiene actualmente el CEM, 48 votos presentes debatieron diversas enmiendas –una al texto de ética sexual- que fue rechazada por una inmensa mayoría (4 votos a favor –el número de votos de la IEE- y 44 en contra).

Finalmente fue aprobado para incluir en el RRI el siguiente texto:

ÉTICA BÍBLICA DE LA SEXUALIDAD 

Entendemos, desde nuestra comprensión de la enseñanza de la Biblia, que en la ética cristiana son sólo aceptables las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer, y en el seno del compromiso y pacto del matrimonio. Por tanto no aprobamos ni apoyamos, desde este punto de vista bíblico, cualquier otro tipo de relación sexual.

miércoles, 1 de octubre de 2014

La enfermedad del fundamentalismo

Todo lo que está sano puede enfermar. La religión, al contrario de lo que dicen sus críticos como Freud, Marx, Dawkins y otros, se inscribe dentro de una realidad saludable: la búsqueda de la Última Realidad por el ser humano, que da un sentido último a la historia y al universo. Esa búsqueda es legítima y se encuentra atestiguada en las más antiguas expresiones del homo sapiens/demens, pero puede conocer expresiones enfermizas. Una de ellas, la más frecuente hoy, es el fundamentalismo religioso, que también se manifiesta donde reina el pensamiento único en política.

El fundamentalismo no es una doctrina en sí, sino una actitud y una forma de vivir la doctrina. La actitud fundamentalista surge cuando la verdad de su iglesia o de su grupo es entendida como la única legítima con exclusión de todas las demás, consideradas erróneas y por eso sin derecho a existir. Quien imagina que su punto de vista es el único válido está condenado a ser intolerante. Esta actitud cerrada conduce al desprecio, a la discriminación y a la violencia religiosa o política.

El nicho del fundamentalismo se encuentra históricamente en el protestantismo norteamericano de finales del siglo XIX cuando irrumpió la modernidad no solo en lo tecnológico, sino también en las formas democráticas de convivencia política y en la liberalización de las costumbres. En este contexto surgió una fuerte reacción por parte de la tradición protestante, fiel a los ideales de los «padres fundadores», todos procedentes del rigorismo de la ética protestante. El término fundamentalismo está unido a una colección de libros publicados por la Universidad de Princeton por los presbiterianos que llevaba por título Fundamentals. A Testimony of Truth, 1909-1915 (“Los fundamentos, el testimonio de la verdad”).

En esta colección se proponía un antídoto a la modernización: un cristianismo riguroso, dogmático, fundado en una lectura literalista de la Biblia, considerada infalible e inequívoca en cada una de sus palabras, por ser considerada Palabra de Dios. Se oponían a toda interpretación exegético-crítica de la Biblia y a la actualización de su mensaje para los contextos actuales.

Esta tendencia fundamentalista ha estado siempre presente desde entonces en la sociedad y en la política norteamericana. Adquirió expresión religiosa en las llamadas «electronic Churches», esas iglesias que se valen de los modernos medios televisivos de comunicación que cubren el país de costa a costa y que tienen otras semejantes en Brasil y en América Latina. Combaten a los cristianos liberales, los que practican una interpretación científica de la Biblia y aceptan los movimientos modernos de las feministas, de los homoafectivos, de los que defienden la descriminalización del aborto. Todo eso es interpretado por ellos como obra de Satanás.

La vertiente política asimiló a la religiosa, uniéndola a la ideología política del «destino manifiesto», creada después de la incorporación de territorios de México por parte de Estados Unidos, según la cual los norteamericanos tienen el destino divino de llevar claridad, los valores de la propiedad privada, del libre mercado, de la democracia y de los derechos a todos los pueblos, como lo afirmó el segundo presidente de Estados Unidos, John Adams. Como rezaba la versión popular y política, los americanos son «el nuevo pueblo escogido» que va a llevar a todos a la «Tierra de Emanuel, sede de aquel Reino nuevo y singular que será concedido a los Santos del Altísimo» (K. Amstrong, En nombre de Dios, Companhia das Letras, São Paulo 2001).

Esa amalgama religioso-política ha dado origen a la arrogancia y al unilateralismo en las relaciones internacionales de la política exterior norteamericana que perdura también bajo Barack Obama.

Un tipo semejante de fundamentalismo lo encontramos en grupos católicos extremadamente conservadores que todavía sostienen que «fuera de la Iglesia no hay salvación». Se afanan en convertir al mayor número de personas que pueden para librarlas del infierno. Algunos grupos evangélicos, especialmente en sectores de las iglesias carismáticas con sus programas de TV, revelan discursos fundamentalistas, particularmente de cara a las religiones afrobrasileras, pues consideran sus celebraciones como obras de Satanás. De ahí los frecuentes exorcismos y hasta invasiones de terreiros para «purificarlos» del Exu.

El fundamentalismo más visible tanto en grupos católicos como en algunos grupos evangélicos se muestra en las cuestiones morales: son inflexibles ante los problemas del aborto, las uniones de los homoafetivos, el empeño de las mujeres por su libertad de decisión. Promueven verdaderas guerras ideológicas en las redes sociales y medios de comunicación contra todos los que discuten tales cuestiones, aunque estas formen parte de la agenda de todas las sociedades abiertas.

Lamentablemente tenemos una candidata a la presidencia de la República, Marina Silva, que manifiesta un tipo de fundamentalismo que es el biblicismo. Hace una lectura literalista de la Biblia, como si en ella se encontrase la solución de todos los problemas. Como bien dijo el Papa Francisco, la Biblia antes que un depósito de verdades es una fuente inspiradora para la iniciativas humanas benéficas. Hay que ponerla detrás de la cabeza para iluminar la realidad, no delante de los ojos, tapando así la realidad.

El Estado brasilero es laico y pluralista. Acoge todas las religiones sin adherirse a ninguna. Según la constitución no es lícito que una determinada religión imponga a toda la nación sus puntos de vista. Una autoridad puede tener sus convicciones religiosas pero no es por ellas, sino por las leyes como debe gobernar. Existen cuatro evangelios, no solo uno. Y todos ellos conviven entre sí en la diversidad de las interpretaciones que dan del mensaje de Jesús. Es un ejemplo de la riqueza de la diversidad. El mismo Dios es la convivencia eterna de Tres Divinas Personas que por el amor forman un sólo Dios. La diversidad es fecunda.

Por Leonardo Boff en Redes Cristianas

martes, 30 de septiembre de 2014

Un pastor cristiano da una lección de amor sobre lo que los padres deben prometer a sus hijos gays

John con su pequeñó Noah (Foto: Twitter John Pavlovitz)
Se llama John Pavlovitz, es un veterano pastor cristiano de Carolina del Norte y un entusiasta bloggero. Uno de sus artículos publicado con el título: 'Si tengo hijos gays: Cuatro Promesas de un pastor cristiano/padre' se ha convertido en viral y ha provocado miles de comentarios y reacciones. John es hetero, está casado y tiene dos niños pequeños: Noah y Selah con su esposa, Jennifer. Su postura abierta y tolerante ha sido un jarro de agua fría para los sectores más conservadores y un soplo de aire fresco para aquellos que piensan que la Iglesia debería ser inclusiva con la homosexualidad.

Pavlovitz reflexiona sobre cuál sería su reacción si alguno de sus hijos le dice el día de mañana que es gay o lesbiana cuando crezcan. John defiende que el amor y apoyo a sus hijos sería el mismo independientemente de su opción sexual y les pide a sus feligreses que oren para que ellos no sean víctimas de la ignorancia o el odio.

En su blog, Pavlovitz quiere transmitir que cualquier tema controvertido como el de la homosexualidad es normal que venga acompañado tanto de apoyos como de puntos de vista hostiles pero lo que John no se esperaba era lo que sucedió: 'Para lo que yo no estaba preparado era para recibir los literalmente cientos y cientos de personas que han llegado a mí personalmente para darme las gracias por traer un poco de curación y esperanza a sus familias para darles un mensaje que rara vez reciben de los líderes cristianos’, ha asegurado el pastor.

'Muchos padres, hijos y hermanos han confiado en mí - algunos por primera vez en cualquier parte – su relato del dolor, la intimidación y el rechazo que están recibiendo de la iglesias, de sus pastores y miembros de iglesia. Ellos han compartido conmigo sus historias de exclusión, el aislamiento, de oraciones sin respuesta, de las terapias destructivas, de los intentos de suicidio, y de ser conducido de manera pasiva de la fe, por la gente de fe. Esto es por qué hago lo que hago; para que la gente que ha sido dañada o excluida, se sienten visibilizados, conocidos y amados", cuenta Pavlovitz en un post.  

Os traducimos el mensaje que nos deja en su blog este pastor norteamericano que podéis leer en su blog www.johnpavlovitz.com. Es un conmovedor mensaje cargado de ternura y amor que nos ha entusiasmado.

‘Si tengo hijos gays: Cuatro Promesas de un pastor cristiano / Padre’
A veces me pregunto si voy a tener hijos homosexuales.
No estoy seguro de si otros padres piensan sobre esto, pero lo hago; muy a menudo.
Tal vez es porque yo tengo mucho pueblo gay en mi familia y círculo de amigos. Está en mis genes y en mi congregación.
Tal vez sea porque, como pastor de los estudiantes, que he visto y oído las historias de horror de los niños cristianos homosexuales, tanto dentro como fuera del armario, tratando de ser parte de la Iglesia.
Tal vez sea porque, como cristiano, me relaciono con tantas personas que encuentran la homosexualidad la cosa más repugnante imaginable y que intento hablar claro en cada oportunidad concebible.
Por la razón que sea, es algo que me planteo frecuentemente. Como pastor y padre, yo quería hacer algunas promesas para vosotros y para mis dos hijos en este momento ...

1) Si tengo hijos homosexuales, podrás saberlo todos.

Mis hijos no van a ser el secreto mejor guardado de nuestra familia.

No voy a hablar sobre ellos en conversaciones con otras personas. No voy a hablar en código o lenguaje vago. No voy a tratar de poner una venda sobre los ojos de nadie y no voy a tratar de salvar los sentimientos de aquellos que pueden ser mayores o fácilmente ofendido o incomodables.

La infancia ya es bastante difícil y la mayoría de los chicos gays pasan toda su existencia sintiéndose horriblemente, terriblemente incómodos. Yo no voy a causarles cualquier molestia innecesaria más, sólo para que en la cena de Acción de Gracias sea un poco más fácil para un primo tercero con problemas de ira y fuera de lugar.

Si mis hijos salen del armario vamos a seguir siendo una familia.

2) Si tengo hijos homosexuales voy a orar por ellos.

No voy a orar por ellos para hacerles "normales". He vivido lo suficiente para saber que si mis hijos son gays, esa es su normalidad.

No voy a orar para que Dios sane o cambiar o arregle. Voy a orar para que Dios los proteja de la ignorancia, el odio y la violencia que el mundo va a lanzar contra ellos, simplemente por ser quienes son.

Rezaré para que Él les proteja de aquellos que los desprecian y les desean daño; quien los maldice con el infierno, sin saber en absoluto. Voy a orar para que disfruten de la vida; que se rían y tengan sueños, y sientan, y perdonen y que amen a Dios y la humanidad.

Por encima de todo, voy a orar a Dios para que no permita que mis hijos sufran el tratamiento impío de algunos de sus hijos descarriados, para evitar que se les persiga.

3) Si tengo hijos homosexuales voy a amarlos.

No me refiero a un poco de amor símbolico, distante, tolerante que se mantiene a la distancia de un brazo seguro. Será un corazón abierto, sin complejos, pródigo y que sea una clase de amor.

No los voy a amar a pesar de su sexualidad, y yo no los voy a amar a causa de ella. Los amaré; simplemente porque son dulces y divertidos, cariñosos e inteligentes, amables y obstinados, defectuosos, originales y hermosos ... y son mis hijos.

Si mis hijos son homosexuales, pueden dudar de un millón de cosas sobre sí mismos y sobre el mundo, pero que nunca duden por un segundo de si su papá no les pondrá la luna a sus pies por ellos.

4) Sí tengo hijos homosexuales, lo más probable.

Si mis hijos van a ser gays, así que más o menos ya son.

Dios ya les ha creado y ha colocado la semilla de lo que son dentro de ellos. El salmo 139 dice que ‘Él les cose en el vientre de su madre las cosas increíblemente intrincadas que los hace únicamente ellos; una vez en la historia las almas que ya se ha cargado en sus mismas células’. Por lo tanto, no hay una fecha límite para imponer su sexualidad.

Son hoy, simplemente una versión más joven de lo que van a ser; y hoy en día son bastante increíbles y geniales.

Muchos de vosotros podréis estar ofendidos por todo esto, me doy cuenta plenamente. Sé que esto puede ser especialmente cierto si eres una persona religiosa y ves este tema repugnante.

Lo que has estado leyendo lo he escrito con tanta dulzura y comprensión como soy capaz.

Esto no es acerca de tí. Esto es mucho más grande.

Tú no eres que yo esperé con aliento durante nueve meses.
Tú no eres por el que yo lloré de alegría cuando nació.
Tú no eres el que yo bañé y dormí.
Tú no eres el que yo enseñé a andar en bicicleta y cuya rodilla raspada besé y cuya pequeña y temblorosa mano sostuve al ponerle puntos de sutura.
Tú no eres el que tiene la cabeza que me encanta oler y cuyo rostro se ilumina cuando llego a casa por la noche y cuya risa es como música para mi alma cansada.
Tú no eres el que da a mi día significado y propósito y que adoro más de lo que jamás pensé que podría adorar a nada, ni nadie.
Y tú no eres el que me espera para estar conmigo, cuando miro hacia atrás con gratitud en la vida por los tesoros compartidos y con el conocimiento de que los amo y soy amado también.

Si eres padre no sé cómo vas a responder si descubres que tus hijos son gays pero te ruego que lo considere.

Un día, a pesar de las percepciones de tus hijos o de cómo lo has criado, puede que tengas que responder en tiempo real a un niño asustado que no querrás lastimar; uno con sentido de la paz, la identidad y la aceptación; cuyo corazón puede ser colocado en tus manos de una manera que nunca imaginaste ... y tendrás que responder.

Ese día nunca debe venir por mí; mis hijos deben siempre venir a mí. Éste es el padre que esperan y que estará siempre con ellos’.

Una reflexión muy emotiva que ojalá fuera el sentir de muchos padres que, con su comportamiento intolerante y con su confusión, le causan a su hijo o hija mucho más dolor al saberse no aceptados.

John es un veterano ministro de la iglesia local desde 18 años que, actualmente dirige una pequeña comunidad en Wake Forest, en Carolina del Norte y también es voluntario en North Raleigh Community Church. Es un apasionado de tener conversaciones sobre la nueva fe que permitan incluir a todo el mundo.

En su blog, John se ocupa de temas sobre la fe, la crianza de los hijos, la Iglesia y todo tipo de cuestiones sociales.

John está casado desde hace 17 años y considera que ser padre y esposo es su primer y más grande ministerio.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Creciente aceptación de las personas LGTB en las comunidades religiosas de Estados Unidos

Crece la aceptación de la realidad LGTB entre las comunidades religiosas de Estados Unidos: según un estudio de la Universidad de Duke, el número de congregaciones que aceptan abiertamente a gays y lesbianas entre sus miembros creció considerablemente entre los años 2006 y 2012.
 
La investigación, dirigida por el catedrático de Sociología Mark Chaves, muestra que la inclusión de las personas LGTB en las comunidades religiosas de Estados Unidos es cada vez mayor. Para realizar dicha investigación preguntaron a 1.331 líderes religiosos si en sus congregaciones podían ser miembros de pleno derecho quienes estuvieran públicamente en pareja homosexual. Los encuestados eran de diferentes comunidades religiosas: cristianas, musulmanas, judías o de otra adscripción. El resultado es un ascenso en las agrupaciones que aceptan públicamente a las parejas del mismo sexo: del 37,4 % de 2006 se ha pasado al 48 % en 2012. En este sentido, Chaves considera que “las iglesias no son una excepción” a la creciente tendencia a la aceptación de la realidad LGTB.

El estudio (cuyo detalle puedes descargar aquí) muestra sin embargo que la tendencia no es uniforme. Así, las congregaciones católicas manifestaron menor aceptación en 2012 que en 2006. De acuerdo con el director de la investigación, este descenso podría estar correlacionado con una visibilidad creciente de la realidad homosexual en la Iglesia católica, que quedaría patente por ejemplo, y paradójicamente, en las noticias sobre despidos de trabajadores LGTB en colegios católicos.

Este cambio en las congregaciones se corresponde a grandes rasgos con lo que ocurre en el nivel de las diferentes iglesias. Así, la Iglesia católica permanece en un compás de espera ante el Sínodo extraordinario de la Familia. Por un lado, están las ya famosas declaraciones del papa Francisco (“¿Quién soy yo para juzgar?”) o algunas declaraciones de obispos aperturistas, como el de Amberes. Por el otro, se insiste en el mantenimiento de la doctrina tradicional y declaraciones homófobas de otros jerarcas. Mientras tanto, en el campo de las iglesias protestantes las noticias son de una mayor aceptación, por ejemplo con la Iglesia presbiteriana votando a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo o con todos los pasos dados por los episcopalianos (rama estadounidense de la comunión anglicana) para fomentar la inclusión de las personas LGTB.